sábado, 4 de abril de 2009

Temas para el debate. Doce tesis sobre el antipoder John Holloway

Doce tesis sobre el antipoder                                                                      

John Holloway

I                                                                                                                                                                                                    

1. El punto de partida es la negatividad.  Empezamos con el grito, no con el verbo. Ante la mutilación de las vidas humanas por el capitalismo, un grito de tristeza, un grito de horror, un grito de rabia, un grito de negación: ¡NO! El pensar, para decir la verdad del grito, tiene que ser negativo. No queremos entender al mundo sin negarlo. La meta de la teoría es conceptualizar al mundo negativamente, no como algo separado de la práctica, sino como un momento de la práctica, como parte de la lucha para cambiar el mundo, para hacer de él un lugar digno de la humanidad. Pero, después de todo lo que ha pasado, ¿cómo podemos incluso empezar a pensar en cambiar el mundo?

2. Un mundo digno no se pude crear por medio del estado. Durante la mayor parte del siglo pasado, los esfuerzos para crear un mundo digno de la humanidad se enfocaron en el estado y en la idea de conquistar el poder estatal. Las polémicas principales (entre "reformistas" y "revolucionarios") eran acerca de cómo conquistar el poder estatal, sea por la vía parlmentaria o por la vía extra-parlamentaria. La historia del siglo XX sugiere que la cuestión de cómo ganar el poder no era tan importante. En ninguno de los casos la conquista del poder estatal logró realizar los cambios que los militantes esperaban. Ni los gobiernos reformistas ni los gobiernos revolucionarios lograron cambiar el mundo de forma radical. Es fácil acusar a todos los liderazgos de estos movimientos de traicionar a los movimientos que encabezaban. El hecho de que hubo tantas traiciones sugiere, sin embargo, que el fracaso de los gobiernos radicales, sociales o comunistas tiene raíces mucho más profundas. La razón por la cual el estado no se puede usar para llevar a cabo un cambio radical en la sociedad es que el estado mismo es una forma de relaciones sociales capitalistas. La existencia misma del estado como una instancia separada de la sociedad significa que, sea cual sea el contenido de sus políticas, participa activamente en el proceso de separar a la gente del control de su propia vida. El capitalismo es simplemente eso: la separación de la gente de su propio hacer. Una política que está orientada hacia el estado reproduce inevitablemente dentro de sí misma el mismo proceso de separación, separando a los dirigentes de los dirigidos, separando la actividad política seria de la actividad personal frívola. Una política orientada hacia el estado, lejos de conseguir un cambio radical de la sociedad, conduce a la subordinación progresiva de la oposición a la lógica del capitalismo. Ahora podemos ver que la idea de que el mundo se podría cambiar por medio del estado era una ilusión. Tenemos la buena suerte de estar viviendo el fin de esa ilusión.                                                                                                                                               

3. La única forma de concebir un cambio radical hoy no es como conquista del poder sino como disolución del poder.  La revolución es más urgente que nunca. Los horrores que surgen de la organización capitalista de la sociedad se vuelven cada vez más intensos. Si la revolución a través de la conquista del poder estatal se ha revelado como ilusión, eso no quiere decir que debemos abandonar la idea de la revolución. Pero es necesario concebirla en otros términos: no como la toma del poder sino como la disolución del poder.                                                                                    

II                                                                                                                                                                                                 

4. La lucha por la disolución del poder es la lucha por la emancipación del poder-hacer (potentia) del poder-sobre (potestas).  Para empezar a pensar en cambiar el mundo sin tomar el poder, hay que hacer una distinción entre el poder-hacer (potentia) y el poder-sobre (potestas). Cualquier intento de cambiar la sociedad involucra el hacer, la actividad. El hacer, a su vez, involucra la capacidad de hacer, el poder-hacer. Muchas veces usamos la palabra 'poder' en este sentido, como algo bueno, como cuando una acción junto con otros (una manifestación o incluso un buen seminario) nos da una sensación de poder. El poder en este sentido tiene su fundamento en el hacer: es el poder-hacer. El poder-hacer es siempre social, siempre parte del flujo social del hacer. Nuestra capacidad de hacer es producto del hacer de otros y crea las condiciones para el hacer futuro de otros. Es imposible imaginar un hacer que no esté integrado de una forma u otra al hacer de otros, en el pasado, el presente o el futuro.                                                                                                                                                             

 

 

5. El poder-hacer está transformado en el poder-sobre cuando se rompe el hacer. La transformación del poder-hacer en poder-sobre implica la ruptura del flujo social del hacer. Los que ejercen el poder-sobre separan lo hecho del hacer de otros y lo declaran suyo. La apropiación de lo hecho es al mismo tiempo la apropiación de los medios de hacer, y esto permite a los poderosos controlar el hacer de los hacedores. Los hacedores (los humanos, entendidos como activos) están separados así de su hecho, de los medio de hacer y del hacer mismo. Como hacedores, están separados de sí mismos. Esta separación, que es la base de cualquier sociedad en la cual algunos ejercen poder sobre otros, llega a su punto más alto en el capitalismo. Se rompe el flujo social del hacer. El poder-hacer se transforma en poder-sobre. Los que controlan el hacer de otros aparecen ahora como los Hacedores de la sociedad, y los de quienes el hacer está controlado por otros se vuelven invisibles, sin voz, sin rostro. El poder-hacer ya no aparece como parte de un flujo social, sino existe en la forma de un poder individual. Para la mayoría de la gente el poder-hacer está transformado en su contrario, la impotencia, o el poder de hacer lo que está determinado por otros. Para los poderosos, el poder-hacer se transforma en poder-sobre, el poder de decir a otro lo que tienen que hacer, y por lo tanto en una dependencia con respecto al hacer de otros. En la sociedad actual, el poder-hacer existe en la forma de su propia negación, como poder-sobre. El poder-hacer existe en el modo de ser negado. Esto no quiere decir que deja de existir. Existe, pero existe como negado, en una tensión antagónica con su propia forma de existencia como poder-sobre.                                                                                                                                                       

6. La ruptura del hacer es la ruptura de cada aspecto de la sociedad, cada aspecto de nosotros.  La separación de lo hecho y de los hacedores significa que las personas ya no se relacionan entre sí como hacedores, sino como propietarios (o no propietarios) de lo hecho (visto ya como una cosa divorciada del hacer). Las relaciones entre las personas existen como relaciones entre cosas, y las personas existen no como hacedores sino como portadores pasivos de las cosas. Esta separación de los hacedores del hacer y por lo tanto de ellos mismos está discutida en la literatura en términos estrechamente relacionados entre sí: alienación (el joven Marx), fetichismo (el viejo Marx), reificación (Lukács), disciplina (Foucault) o identificación (Adorno). Todos estos términos establecen claramente que el poder-sobre no se pude entender como algo externo a nosotros, sino que permea cada aspecto de nuestra existencia. Todos estos términos se refieren a una rigidificación de la vida, una contención del flujo social del hacer, una cerrazón de las posibilidades. El hacer está convertido en ser: esto es el núcleo del poder-sobre. Mientras que el hacer significa que somos y no somos, la ruptura del hacer arranca el "y no somos". Lo que nos queda es simplemente "somos": identificación. El "y no somos" se olvida o se trata como puro sueño. Se nos arranca la posibilidad. El tiempo se homogeneiza. El futuro es ahora la extensión del presente, el pasado el antecedente del presente. Todo hacer, todo movimiento, está contenido dentro de la extensión de lo que es. Puede ser lindo soñar con un mundo digno de la humanidad, pero es nada más un sueño. El régimen del poder-sobre es el régimen del "así son las cosas", el régimen de la identidad.                                                                                                                      

7. Participamos en la ruptura de nuestro propio hacer, en la construcción de nuestra propia subordinación. Como hacedores separados de nuestro propio hacer, re-creamos nuestra propia subordinación. Como trabajadores, producimos el capital que nos subordina. Como docentes universitarios, jugamos un papel activo en la identificación de la sociedad, en la transformación del hacer en ser. Cuando definimos, clasificamos o cuantificamos, o cuando mantenemos que la meta de ciencia social es entender la sociedad tal como es, o cuando pretendemos estudiar a la sociedad objetivamente, como su fuera un objeto separado de nosotros, participamos activamente en la negación del hacer, en la separación de sujeto y objeto, en el divorcio entre hacedor y hecho.                                                                                                                                       

8. No hay ninguna simetría entre el poder-hacer y el poder-sobre.  El poder-sobre es la ruptura y negación del hacer. Es la negación activa y repetida del flujo social del hacer, del nosotros que nos constituimos a través del hacer social. Pensar que la conquista del poder-sobre puede llevar a la emancipación de lo que niega es absurdo. El poder-hacer es social. Es la constitución del nosotros, la práctica del reconocimiento mutuo de la dignidad. El movimiento del poder-hacer en contra del poder-sobre no se debe concebir como "contra-poder" (término que sugiere una simetría entre poder y contra-poder) sino como anti-poder (término que, para mí, sugiere una asimetría total entre poder y nuestra lucha).                                                                                                                                        

 

 III                                                                                                                                                                                           

9. Parece que el poder-sobre nos penetra tan profundamente que la única solución posible es a través de la intervención de una fuerza externa. Esta no es ninguna solución. No es difícil llegar a conclusiones muy pesimistas sobre la sociedad actual. Las injusticias y la violencia y la explotación nos gritan, pero sin embargo parece que no hay salida posible. El poder-sobre parece penetrar cada aspecto de nuestras vidas tan a fondo que es difícil imaginar la existencia de "masas revolucionarias". En el pasado, la penetración profunda de la dominación capitalista condujo a muchos a ver la solución en términos del liderazgo de un partido de vanguardia, pero resultó que no fue ninguna solución, ya que simplemente remplazó una forma de poder-sobre con otra. La respuesta fácil es la desilusión pesimista. El grito inicial de rabia ante los horrores del capitalismo no está abandonado, pero aprendemos a vivir con él. No nos volvemos aficionados del capitalismo, pero aceptamos que no hay nada que hacer. La desilusión implica caer en la identificación, aceptar que lo que es, es. Implica participar, pues, en la separación del hacer del hecho.                                                                                                                                              

 

10. La única forma de romper el círculo aparentemente cerrado del poseer es viendo que la transformación del poder-hacer en poder-sobre es un proceso que implica necesariamente la existencia de su contrario: la fetichización implica la anti-fetichización.  La mayoría de las veces, se discute la alienación (fetichismo, reificación, disciplina, identificación, etc.) como si fuera un hecho cumplido. Se habla de las formas capitalistas de relaciones ociales como si estuvieran establecidas al alba del capitalismo para seguir existiendo hasta que el capitalismo sea remplazado por otro modo de producción. En otras palabras, se hace una separación entre constitución y existencia: se ubica la constitución del capitalismo en pasado histórico, y se asume que su existencia actual es estable. Este enfoque conduce necesariamente al pesimismo. Si, al contrario, vemos la separación del hacer y hecho no como algo terminado sino como un proceso, el mundo se empieza a abrir. El hecho mismo que hablamos de alienación significa que la alienación no puede ser total. Si la separación, alienación (etc.) se entiende como proceso, esto implica que su curso no está predeterminado, que la transformación del poder-hacer en poder-sobre siempre está abierta, siempre está en cuestión. Un proceso implica un movimiento de devenir, implica que lo que está en proceso (la alienación) es y no es. La alienación, entonces, es un movimiento contra su propia negación, contra la anti-alienación. La existencia de la alienación implica la existencia de la anti-alienación. La existencia del poder-sobre implica la existencia del anti-poder-sobre o, en otras palabras, el movimiento de emancipación del poder-hacer. Lo que existe en la forma de su negación, lo que existe en el modo de ser negado, existe realmente, a pesar de su negación, como negación del proceso de negación. El capitalismo está basado en la negación del poder-hacer de la humanidad, la creatividad, la dignidad: pero eso no quiere decir que esto deja de existir. Como lo han mostrado los zapatistas, la dignidad existe a pesar de su negación. El poder-hacer existe también: no como isla en un mar de poder-sobre, sino en la única forma en que puede existir, como lucha contra su propia negación. La libertad también existe, no como la presentan los liberales, como algo independiente de los antagonismos sociales, sino en la única forma en que puede existir en una sociedad caracterizada por relaciones de dominación, como lucha contra esa dominación. La existencia real y material de lo que existen en la forma de su propia negación es la base de la esperanza.                                                                                                                                                                 

11. La posibilidad de cambiar la sociedad radicalmente depende de la fuerza material de lo que existe en el modo de ser negado. La fuerza material de lo negado se puede ver de diferentes maneras. En primer lugar, se puede ver en la infinitud de luchas que no tienen como meta ganar el poder sobre otros, sino simplemente la afirmación de nuestro poder-hacer, nuestra resistencia en contra de la dominación por otros. Estas luchas toman muchas formas diferentes, desde la rebelión abierta hasta luchas para ganar o defender el control sobre el proceso de trabajo o el acceso o adecuación o servicios de salud, o la afirmación de dignidad más fragmentadas y muchas veces silenciosas dentro del hogar. La lucha por la dignidad, por lo que está negado por la sociedad actual, se puede ver también en muchas formas que no son abiertamente políticas, en la literatura, en la música, en los cuentos de hadas. La lucha contra la inhumanidad es omnipresente, ya que está inherente en nuestra existencia como humanos. En segundo lugar, la fuerza de lo negado se puede ver en la dependencia del poder-sobre con respecto a lo que niega. La gente cuyo poder-hacer existe como capacidad de decir a otros lo que tienen que hacer siempre depende por su existencia del hacer de otros. Toda la historia de la dominación se puede ver como la lucha por parte de los poderosos de liberarse de su dependencia hacia los impotentes. La transición del feudalismo al capitalismo se pude ver de esta manera, no sólo como la lucha de los siervos para liberarse de los señores, sino como la lucha de los señores para liberarse de los siervos a través de la conversión de su poder en dinero y así en capital. La misma búsqueda de la libertad con respecto a los trabajadores se puede ver en la introducción de la maquinaria, o en la conversión masiva de capital productivo en capital dinero, que juega un papel tan importante en el capitalismo contemporáneo. En cada caso, la fuga de los poderosos con respecto a los hacedores es en vano. No hay forma de que el poder-sobre pueda ser otra cosa que la metamorfosis del poder-hacer. No hay forma de que los poderosos se puedan escapar de su dependencia hacia los impotentes. Esta dependencia se manifiesta, en tercer lugar, en la inestabilidad de los poderosos, en la tendencia del capital hacia la crisis. La huída del capital con respeto al trabajo, a través del remplazamiento de trabajadores por máquinas o por su conversión en capital dinero, enfrenta al capital con su dependencia final hacia el trabajo (es decir, su capacidad de convertir el hacer humano en trabajo abstracto productor de valor) en la forma de la caída de las tasas de ganancia. Lo que se manifiesta en la crisis es la fuerza de lo que el capital niega, es decir el poder-hacer no subordinado.                                                                                                                   

12. La revolución es urgente pero incierta, una pregunta y no una respuesta.                                                                      Las teorías marxista-ortodoxas buscaron captar la certidumbre al lado de la revolución, con el argumento de que el desarrollo histórico conducía inevitablemente a la creación de una sociedad comunista. Este intento es fundamentalmente erróneo, ya que no puede haber ninguna certeza en la creación de una sociedad auto-determinante. La certeza sólo puede estar por el lado de la dominación. La certeza se puede encontrar en la homogeneización del tiempo, en la congelación del hacer en ser. La auto-determinación es inherentemente incierta. La muerte de las viejas certezas es una liberación. Por las mismas razones, la revolución no se puede entender como una respuesta, sino sólo como una pregunta, como una exploración de la realización de la dignidad. Preguntando caminamos.                                                                                                                         

Bibliografía. :T.W. Adorno, La dialéctica negativa. - Ernst Bloch, El princpio esperanza. - Michel Foucault, Vigilar y castigar. -John Holloway "Teoría volcánica", Bajo el volcán pp. 119-134. - Georg Lukács, Historia y Conciencia de clase. -Carlos Marx, Manuscritos enonómico-filosóficos de 1844. - Carlos Marx, El Capital.

 

 

                                                                                                                                                                      

 

Salvavidas de plomo Por Eduardo Galeano

Pagina 12, Buenos Aires 15 de agosto de 2006:

Salvavidas de plomo  Por Eduardo Galeano

Según la voz de mando, nuestros países deben creer en la libertad de comercio (aunque no exista), honrar la deuda (aunque sea deshonrosa), atraer inversiones (aunque sean indignas) y entrar al mundo (aunque sea por la puerta de servicio).                                                                                                                           Entrar al mundo: el mundo es el mercado. El mercado mundial, donde se compran países. Nada de nuevo. América latina nació para obedecerlo, cuando el mercado mundial todavía no se llamaba así, y mal que bien seguimos atados al deber de obediencia.                                                                                                              Esta triste rutina de los siglos empezó con el oro y la plata y siguió con el azúcar, el tabaco, el guano, el salitre, el cobre, el estaño, el caucho, el cacao, la banana, el café, el petróleo... ¿Qué nos dejaron esos esplendores? Nos dejaron sin herencia ni querencia. Jardines convertidos en desiertos, campos abandonados, montañas agujereadas, aguas podridas, largas caravanas de infelices condenados a la muerte temprana, vacíos palacios donde deambulan los fantasmas...                                                                                           Ahora es el turno de la soja transgénica y de la celulosa. Y otra vez se repite la historia de las glorias fugaces, que al son de sus trompetas nos anuncian desdichas largas.                                                                                                                         ¿Será mudo el pasado?                                                                                                                                                                Nos negamos a escuchar las voces que nos advierten: los sueños del mercado mundial son las pesadillas de los países que a sus caprichos se someten. Seguimos aplaudiendo el secuestro de los bienes naturales que Dios, o el Diablo, nos ha dado, y así trabajamos por nuestra propia perdición y contribuimos al exterminio de la poca naturaleza que queda en este mundo.                                                                                                                                                                                      La Argentina, Brasil y otros países latinoamericanos están viviendo la fiebre de la soja transgénica. Precios tentadores, rendimientos multiplicados. La Argentina es, desde hace tiempo, el segundo productor mundial de transgénicos, después de Estados Unidos. En Brasil, el gobierno de Lula ejecutó una de esas piruetas que flaco favor hacen a la democracia y dijo sí a la soja transgénica, aunque su partido había dicho no durante toda la campaña electoral.                          Esto es pan para hoy y hambre para mañana, como denuncian algunos sindicatos rurales y organizaciones ecologistas. Pero ya se sabe que los paisanos ignorantes se niegan a entender las ventajas del pasto de plástico y de la vaca a motor, y que los ecologistas son unos aguafiestas que siempre escupen el asado.                                                                                  Los abogados de los transgénicos afirman que no está probado que perjudiquen la salud humana. En todo caso, tampoco está probado que no la perjudiquen. Y si tan inofensivos son, ¿por qué los fabricantes de soja transgénica se niegan a aclarar, en los envases, que venden lo que venden? ¿O acaso la etiqueta de soja transgénica no sería la mejor publicidad?                                                                                                                                                                                        Y sí que hay evidencias de que estas invenciones del doctor Frankenstein dañan la salud del suelo y reducen la soberanía nacional. ¿Exportamos soja o exportamos suelo? ¿Y acaso no quedamos atrapados en las jaulas de Monsanto y otras grandes empresas de cuyas semillas, herbicidas y pesticidas pasamos a depender?                                                       Tierras que producían de todo para el mercado local, ahora se consagran a un solo producto para la demanda extranjera. Me desarrollo hacia fuera, y del adentro me olvido. El monocultivo es una prisión, siempre lo fue, y ahora, con los transgénicos, mucho más. La diversidad, en cambio, libera. La independencia se reduce al himno y a la bandera si no se asienta en la soberanía alimentaria. La autodeterminación empieza por la boca. Sólo la diversidad productiva puede defendernos de los súbitos derrumbamientos de precios que son costumbre, mortífera costumbre, del mercado mundial.        Las inmensas extensiones destinadas a la soja transgénica están arrasando los bosques nativos y expulsando a los campesinos pobres. Pocos brazos ocupan estas explotaciones altamente mecanizadas, que en cambio exterminan los plantíos pequeños y las huertas familiares con los venenos que fumigan. Se multiplica el éxodo rural a las grandes ciudades, donde se supone que los expulsados van a consumir, si los acompaña la suerte, lo que antes producían.                      Es la agraria reforma: la reforma agraria al revés.                                                                                                                                  La celulosa también se ha puesto de moda, en varios países.                                                                                                                 El Uruguay, sin ir más lejos, está queriendo convertirse en un centro mundial de producción de celulosa para abastecer de materia prima barata a lejanas fábricas de papel.                                                                                                                               Se trata de monocultivos de exportación, en la más pura tradición colonial: inmensas plantaciones artificiales que dicen ser bosques y se convierten en celulosa en un proceso industrial que arroja desechos químicos a los ríos y hace irrespirable el aire.                                                                                                                                                              Aquí empezaron siendo dos plantas enormes, una de las cuales ya está a medio construir. Luego se incorporó otro proyecto, y se habla de otro y de otro más, mientras más y más hectáreas se están destinando a la fabricación de eucaliptos en serie. Las grandes empresas internacionales nos han descubierto en el mapa y se han brotado de súbito amor por este Uruguay donde no hay tecnología capaz de controlarlas, el Estado les otorga subsidios y les evita impuestos, los salarios son raquíticos y los árboles brotan en un santiamén.                                                                                      Todo indica que nuestro país chiquito no podrá soportar el asfixiante abrazo de estos grandotes. Como suele ocurrir, las bendiciones de la naturaleza se convierten en maldiciones de la historia. Nuestros eucaliptos crecen diez veces más rápido que los de Finlandia, y esto se traduce así: las plantaciones industriales serán diez veces más devastadoras. Al ritmo de explotación previsto, buena parte del territorio nacional será exprimido hasta la última gota de agua. Los gigantes sedientos nos van a secar el suelo y el subsuelo. Trágica paradoja: éste ha sido el único lugar del mundo donde se sometió a plebiscito la propiedad del agua. Por abrumadora mayoría, los uruguayos decidimos, en el año 2004, que el agua sería de propiedad pública. ¿No habrá manera de evitar este secuestro de la voluntad popular?                                                    La celulosa, hay que reconocerlo, se ha convertido en algo así como una causa patriótica, y la defensa de la naturaleza no despierta entusiasmo. Y peor: en nuestro país, enfermo de celulitis, algunas palabras que no eran malas palabras, como ecologista y ambientalista, se están convirtiendo en insultos que crucifican a los enemigos del progreso y a los saboteadores del trabajo.                                                                                                                                                                         Se celebra la desgracia como si fuera una buena noticia. Más vale morir de contaminación que morir de hambre: muchos desocupados creen que no hay más remedio que elegir entre dos calamidades, y los vendedores de ilusiones desembarcan ofreciendo miles y miles de empleos. Pero una cosa es la publicidad, y otra la realidad. El MST, el movimiento de campesinos sin tierra, ha difundido datos elocuentes, que no sólo valen para Brasil: la celulosa genera un empleo cada 185 hectáreas y la agricultura familiar crea cinco empleos por cada diez hectáreas. Las empresas prometen lo mejor. Trabajo a raudales, millonarias inversiones, estrictos controles, aire puro, agua limpia, tierra intacta. Y uno se pregunta: ¿por qué no instalan estas maravillas en Punta del Este, para mejorar la calidad de vida y estimular el turismo en nuestro principal balneario?

 

viernes, 3 de abril de 2009

AGROTOXICOS

La famosa docena sucia

Desde el año 1985, PAN (Pesticides Action Network) con sus cinco oficinas regionales:Asia, Africa, América Latina, Norte América y Europa, están trabajando en lo que se denomino "La Campaña contra la Docena Sucia".

Esta campaña, concebida como un instrumento de educación popular sobre el riesgos del uso indiscriminado de plaguicidas, enfoca la atención sobre doce plaguicidas considerados extremadamente peligrosos.

La campaña de la docena sucia ha tenido mucho éxito en varios países, gracias al arduo trabajo de las organizaciones agrupadas alrededor de PAN. En América Latina se han logrado prohibir la importación y uso de estos plaguicidas en Ecuador,Colombia y Costa Rica, gracias a una intensa presión ejercida sobre los gobiernos y a un trabajo sistemático en educación popular. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sido una de las organizaciones que más apoyado esta lucha y para ello los estados junto a muchas ONGs, desarrollaron acciones internacionales de apoyo a esta campaña, por la cantidad de muertes que estos plaguicidas han provocado.

La campaña de la DOCENA SUCIA tiene como finalidad:

Considerar la salud humana y la calidad del medio ambiente, como factores más importantes que el uso y comercialización de los plaguicidas.

Acabar con uso de los plaguicidas de la Docena Sucia, en los países en donde no existan condiciones apropiadas que protejan al ser humano.

Hacer llegar toda la información técnica necesaria sobre la salud y la seguridad de las personas.

Apoyar la investigación y el uso de otros métodos de control de plagas que reduzcan al mínimo o eliminar el uso de los plaguicidas.

1) DDT

2) LINDANO

3) LOSDRINES

4) CLORDANO HEPTACLORO

5) PARATION

6) PARAQUAT

7) 2,4,5-T

8) PENTACLOROFENOL

9) DBCP10) EDB

11) CANFECLORO

12) CLORODIMEFORMO

agrotoxicos

Guia Básica de Agrotóxicos*

¿POR QUÉ SON TÓXICOS?

Como su nombre lo indica los plaguicidas están diseñados para destruir determinados

organismos vivos, siendo muchas veces no selectivos al cumplir su función, pudiendo ocasionar

efectos no deseados en otros seres vivos, incluyendo al ser humano. Pueden contaminar AIRE,

AGUA, ALIMENTOS, SUELO.

Algunos son persistentes y pueden permanecer largos períodos en el ambiente antes de

desintegrarse, acumulándose en los tejidos de la mayoría de los organismos vivos, cuando estos

respiran, ingieren alimentos o beben líquidos. Algunos no se descomponen por los mecanismos

naturales de desintoxicación. No siempre permanecen donde fueron aplicados. Algunos pueden

viajar rápidamente largas distancias arrastrados por el viento y el agua, incluso a zonas remotas

del planeta.

¿CÓMO ENTRAN AL CUERPO LOS PLAGUICIDAS?

La forma usual de entrada es por contacto directo con la piel, pero también pueden entrar por

los ojos, la boca (especialmente en los niños) y por los pulmones.

La exposición a agrotóxicos puede causar irritación, dermatitis, cambios de coloración de

piel, quemaduras, náuseas, vómitos, diarrea, irritación, polipnea, edema pulmonar

arritmias, falla cardíaca, edema pulmonar, mareos, alteraciones de estado de conciencia. Los síntomas de intoxicación por plaguicidas pueden ser confundidos con resfriados, gripes o alergias. Pueden aparecer horas, días o, muy rara vez, semanas después de la exposición. Cuando hay intoxicación por plaguicidas organofosforados la pupila del ojo se achica.

QUE TIPO DE TOXICOS HAY Y PARA QUE SE UTILIZAN?

Los Herbicidas se utilizan para eliminar malezas. El más utilizado a nivel mundial y nacional es

el herbicida glifosato que se vende bajo el logo comercial de Roundup ready. Las Soja RR

de la transnacional Monsanto, se llaman así porque son Resistente al glifosato Roundup, tienen

* Informaci'on extraida de Rapal http://webs.chasque.net/~rapaluy1/

un mecanismo que puentea la acción del veneno y que le permite ser fumigada

indiscrinadamente.

En Argentina se calcula que estamos usando 160 millones de litros de herbicidas. El glifosato puro, de acuerdo a los manuales y registros, se clasifica como inofensivo para el hombre. Sin embargo, cuando se formula, y se le agregan adherentes comienzan los problemas. El herbicida es dosificado y le agregan adherentes para que al pulverizarlo se pegue a la hoja y se distribuya mejor, para ello usan una especie dedetergente y para que sea más eficiente en la absorción de la planta se le agregan compuestos, todos de alta toxicidad.

Insecticidas: se le dice insectos a todo bicho que camina y causan daños a la producción. Una

variedad de insecticidas muy utilizadas son los Piretroides pero hoy se tiene certeza que no son

tan seguros como se creía. También como insecticidas se usa el Endosulfán que es un clorado.

El Endosulfán se usa sobre todo para combatir las orugas. Esta droga se ha encontrado en el

grano de la Soja Solidaria que se reparte en los comedores de nuestro país. Es altamente tóxico.

Funguicidas: se utilizan para enfermedades causadas por hongos y de uso preventivo. En la

actualidad se ha hecho una gran difusión para la utilización de productos contra la roya de la

soja, entonces cuando aparecen manchas similares al óxido en las plantas, hay que pulverizar. Se

ha considerado que los fungicidas son menos dañinos que los insecticidas, sin embargo en

muchos países están prohibidos algunos de ellos, tales como los carbamatos. Los derivados de

los carbamatos son productos que se creían seguros, es decir, que se podía pulverizar y comer,

pero se han encontrado residuos en frutas y hortalizas.

Otros agrotóxicos que se están usando son los llamados de efecto de segunda generación porque muchos de ellos son disruptores hormonales, tal como el 2-4 D. Si uno analiza a una persona contaminada, no le encuentra ningún residuo ni efecto de agrotóxicos, pero sí en cambio se lo encontrará en su descendencia.

Esto ha sido probado en aves, ratones, mamíferos e incluso cada día pueden verificarse más niños con malformaciones y deficiencias como consecuencia de estas contaminaciones.