jueves, 10 de noviembre de 2011

Sigue la invasión silenciosa de la soja transgénica

por Guadalupe Rodríguez


El Gobierno argentino aprobó el viernes 28 de octubre por resolución oficial una variedad de soja genéticamente modificada de la empresa Pioneer, variedad 93M70, la unidad de semillas de DuPont.

Según el portal de información del campo InfoCampo, una extensa disputa con Monsanto por la patente de sus semillas causó "un retraso en la evolución de los cultivos transgénicos en el país, un problema que el Ministerio de Agricultura pretende subsanar con la aprobación de nuevos eventos".

En agosto, el Gobierno autorizó la utilización local de soja Liberty Link, de la empresa alemana Bayer.
Más soja transgénica para Argentina y el mundo

Ya la casi totalidad de la producción de soja argentina es genéticamente modificada (99%). Significa que las semillas vienen en un paquete tecnológico (semilla junto con productos venenosos o agrotóxicos) completo, que se termina imponiendo en todo el territorio agrícola y que aumenta el negocio de las corporaciones. Gracias a este modelo de producción no hay empleo a nivel local y la subsistencia en el campo es imposible. El sistema de la soja requiere un promedio de un trabajador cada 500 has. Quienes quedan en el campo son los que manejan la maquinaria agrícola industrial.
¿Quién y para qué se consume la soja?

Todos nosotros la consumimos en grandes cantidades, aún sin ser plenamente conscientes. Se usa:

-como forraje para alimentar pollos y cerdos producidos industrialmente en encierro a bajo coste en Europa y en China.

-para la producción de harinas y subproductos industriales de la producción de aceites.

-como materia prima para la fabricación de biocombustibles ya que en los últimos años, el uso de soja en el sector de generación de energía ha sido creciente.

Europa, que la considera como materia prima "crítica" de importancia clave, importa 34.4 millones de toneladas de soja anuales. Es una de las materias primas de la política europea de agrocombustibles (biocombustibles).

¿En qué nos convierte este modelo productivo?

La pérdida de la agricultura familiar arrastra consigo la de la cultura alimentaria. De granero del mundo y paraíso del asado con carne de alta calidad, la Argentina ha pasado a producir y exportar soja transgénica para Europa, los EEUU y China. Quienes eran campesinos y vivían del campo han pasado a engordar los cinturones periféricos de la capital y a recibir subsidios irrisorios que los perpetuarán en la pobreza.

Los monocultivos industriales como el de la soja traen consigo graves problemas ambientales. Para producir un kilo de granos de soja se necesitan 1500 a 1800 litros de agua. El cultivo de la soja se hace a costa de la tala de bosques, bien sea de manera directa, o de manera indirecta por el desplazamiento de otras actividades como la ganadería. Este desplazamiento conlleva cambios en los ecosistemas o en los usos previos de la tierra, además de envenenamiento del suelo por los agrotóxicos y desgaste por el uso intensivo y en forma de monocultivo. El uso masivo de agrotóxicos causa además problemas serios de salud pública -como cáncer y graves malformaciones- que por el momento se manejan como una (mala) suerte de impactos colaterales, o como un costo que hay que pagar, esa es -resumida- la actitud de los funcionarios públicos.

Aprobando nuevas variedades de soja transgénica el gobierno argentino consolida su compromiso a favor de las multinacionales y en contra del pueblo y la soberanía nacional. Multinacionales como Dupont podrán continuar abusando de los trabajadores y lucrando hasta el infinito con la venta de semillas y agrotóxicos. Hasta que el pueblo ponga manos a la obra para recuperar el rumbo perdido a causa de la invasión silenciosa de la soja.

Huertos urbanos.

Huertos urbanos y la crisis alimentaria global

Rob Sawers | 01 noviembre 2011 | Biodiversidad - Oct 2011

Huertos urbanos y la

crisis alimentaria global

Por Rob Sawers

São Paulo, Brasil. Por todo el mundo, suben los precios de los alimentos básicos. La FAO admite abiertamente una "crisis alimentaria global". Hay fuertes evidencias de que los precios de los alimentos son uno de los factores críticos de desasosiego político por todo el mundo. Son variadas las causas de esta crisis, e incluyen el extremo y errático clima y los altos precios de petróleo. Sin embargo, como en épocas previas de hambre y hambruna, la crisis alimentaria no es tan sólo el resultado de fenómenos naturales, sino que la agrava la avidez de lucrar con la miseria humana mediante la manipulación de los mercados. Hoy, los campesinos tienen la capacidad de alimentar el mundo, pero para quienes controlan los criaderos industriales, los mercados de exportaciones y las cadenas de supermercados, es más conveniente forzar la subida de los precios aún más. El aumento en las ganancias provocado por el cambio climático está resultando demasiado tentador para las empresas.

Mientras los campesinos por todo el mundo sufren los efectos de esta ofensiva corporativa contra la agricultura tradicional, son los pobres urbanos quienes sufren los más agudos riesgos de desnutrición en esta crisis alimentaria. Su alimentación y nutrición es completamente dependiente de la industria alimentaria mientras sus sueldos no suben al ritmo suficiente como para evadir el hambre.

Es claro que necesitamos soluciones alternativas. Para aquéllos que enfrentan inminente desnutrición al tiempo que ven cómo trepan los precios semana a semana, no es ya simplemente la opción de esperar callados a que el gobierno o el desarrollo dirigido por el capitalismo llegue a las barriadas. Por todo el continente americano, de Buenos Aires a Detroit, muchas comunidades han reaccionado proactivas a esta crisis. Grupos comunitarios en incontables ciudades han comenzado huertos urbanos en los barrios pobres y ofrecen una alternativa nutricional para quienes sobreviven comiendo postres callejeros y comida chatarra.  Además, hacen posible el desarrollo de economías locales para comercializar sus productos. Por desgracia, la única otra economía local para algunos de estos barrios, como la Favela Sabopemba de São Paulo, es el tráfico de drogas. Puesto en esta luz, los huertos y los mercados no son sólo una fuente de nutrición e ingresos, sino que pueden estimular una mentalidad alternativa que resista la deshumanización del narcotráfico y la fatalista dependencia hacia el desarrollo capitalista.

Los cultivos de hortalizas urbanas han sido adoptados por las comunidades como respuesta a la inflación de los precios en los alimentos, pero el primer impulso hacia la agricultura urbana en masa fue una respuesta de Cuba a las carencias de alimentos debidas al "Periodo Especial" a principios de los noventa. Con la caída del socialismo en Europa del Este, Cuba se quedó sin las importaciones subsidiadas de petróleo, sin plaguicidas y fertilizantes. De la noche a la mañana, las otrora prósperas agroindustrias cubanas cerraron. La isla no tuvo otra opción que utilizar todo su espacio disponible para plantar hortalizas y alimentar a su población. En pocos años, Cuba estaba produciendo en sus huertos orgánicos tanto como con su sistema agrícola industrializado de los años ochenta. La única diferencia fue que ahora los cubanos comían alimentos mucho más saludables gracias a los vegetales frescos. Además, esta transformación puso los medios de producción en manos de las comunidades, y no en manos de las burocracias estatales. Para mediados de los noventa, sesenta por ciento de todos los productos frescos consumidos en la Habana se plantaban dentro de los límites de la ciudad.

Desde entonces, florecen por todo el continente los huertos urbanos, pero no porque haya carencias de alimentos, sino por el aumento en la disfuncionalidad de los mercados alimentarios.

Popularizado por el documental The Garden, de 2008, el huerto de South-Central Los Angeles era el huerto urbano de vegetales más grande de Estados Unidos y producía comida para miles de residentes del centro de la ciudad. Promovido por la comunidad y las ONG locales, el huerto resistió las presiones del gobierno de la ciudad y del terrateniente ausente de un predio abandonado. A final de cuentas el huerto fue arrasado con trascavos. La destrucción del huerto parecía ser un acto de enojo del terrateniente, pero tal vez la idea de que los chicanos del centro de la ciudad resistieran a la industria agroalimentaria corporativa era algo demasiado amenazante como para dejarlo pasar.

Este trágico ejemplo de machismo corporativo no debe desalentar a los pobres urbanos que buscan asumir el control de su seguridad alimentaria. En muchos otros países, los gobiernos comienzan a reconocer los beneficios de los cultivos urbanos a nivel popular y promueven estos proyectos. Los gobiernos argentino y ecuatoriano han sancionado proyectos así en Buenos Aires y Quito, e incluso han comenzado algunos proyectos comunitarios en la ciudad de México y Detroit, por nombrar sólo un par. En São Paulo, la organización comunitaria Cidades Sem Fome (Ciudades sin Hambre), ha desarrollado un proyecto de cultivo urbano que utiliza el espacio desperdiciado o no utilizado, dentro o cerca de las barriadas, con el fin de emprender una producción orgánica de vegetales. En la mayoría de los casos CSF ha persuadido a los dueños de los predios que un predio comunal sembrado con vegetales, implica menos responsabilidad legal que dejar el espacio vacío, que expone la tierra a ser utilizada como basurero o que abre la posibilidad de que crezcan viviendas precarias en el predio. Con este modelo de pedir prestada la tierra, CSF ha desarrollado una cooperativa de cultivo orgánico de más de veinte huertos desperdigados por una de las ciudades más grandes del mundo.

Los logros de los huertos urbanos son inmediatos y obvios para aquéllos que de otra manera no tendrían ningún acceso a frutos y vegetales y frescos, ya no digamos a productos orgánicos, locales. El fundador de Cidades Sem Fome, Hans Dieter Temp, alienta a los primerizos en la siembra a que empiecen cultivando lechugas y  rábanos. La idea es comenzar con plantas que crecen muy pronto, propiciando que los cultivadores vean los beneficios en su dieta y en los ingresos lo más pronto posible. Más adelante, se impulsa a la gente a que asuma una variedad más amplia de vegetales, para lograr una mayor variedad nutricional. La gente que trabaja con CSF cultiva ahora una vastedad de productos, incluyendo una variedad de vegetales locales, como el "chuchu".

Uno de los aspectos más inspiradores de este movimiento, y de hecho de todo el potencial de los cultivos urbanos en general, es que estos huertos han comenzado a transformar las barriadas que sufren de extrema pobreza, desnutrición, desempleo y de la garra firme de las bandas de narcotráfico. En la Favela Sabopemba, notoria por su pobreza, los jóvenes cuentan con muy pocas oportunidades de conseguir empleos, y las tentaciones del narcotráfico son grandes. En el caso de las mujeres, o son desempleadas, o trabajan como lavanderas o sirvientas para familias de clase media en otras partes de la ciudad.

Pero el poder del trabajo colectivo (mutirão en portugués) es fuerte, y los organizadores del movimiento ya miran las mejoras en la nutrición y en la mentalidad de la gente. Temp recuerda lo difícil que era convencer a las mujeres del barrio de que ellas mismas podían hacer la diferencia para ellas y su comunidad. Lo extraño fue que cuando se les mostró el exuberante huerto de un barrio aledaño, ya funcionando, las mujeres de Sabopemba al principio se quedaron inamovibles. El sentimiento de estas mujeres parecía ser: "Cómo podemos replicar nosotras algo tan bonito", decían. Pero las mujeres de Sabopemba se unieron a CSF y el acto de cultivar en colectivo comenzó a deconstruirles la mentalidad de desaliento. Estas mujeres le han dado a sus niños y a los vecinos algo muy único en las barriadas, el orgullo de ser capaces de lograr algo en sus comunidades y en sí mismas.

Temp añade que cuando Sabopemba comenzó a cultivar, las conversaciones que escuchaba mientras trabajaban eran sobre todo rumoreos acerca del abuso del crack y los precios que diferentes traficantes cobraban. Ahora, las mujeres intercambian saberes de cultivo o de cocina mientras trabajan. Pese a lo anecdótico, el movimiento considera que esto muestra un viraje dramático en la mentalidad.

No obstante, la mentalidad es sólo una partecita del problema porque en São Paulo, los supermercados están lejos de las favelas y los precios son increíblemente caros para los pobres. Una madre con bocas que alimentar y que trabaja lavando ropa para familias de clase media en el otro extremo de esta mega-metrópolis, puede tener que tomar múltiples autobuses para ir al supermercado y regresar. Con esta suerte de transbordos épicos, una cabeza de lechuga o algunos cuantos mangos maduros pueden quedar aplastados o ajados para el tiempo en que llega a casa a preparar la comida. Aunque este tipo de problemas puede sonar burdamente mundano y sin relevancia para las realidades de la pobreza, mucha gente en la Favela Sabopemba ha señalado exactamente este tipo de situaciones como parte de los obstáculos que enfrentan para lograr una buena alimentación. Lo que ocurre es que ante la perspectiva de llegar a casa con una lechuga que casi no pueden pagar, a la que le invierten tiempo y dinero en transporte, y que encima de todo llega arruinada, simplemente escogen lo barato y confiable: arroz y fideos, y no frutos y verduras nutritivos.

Lo que se requiere, y CSF espera ser parte de ese cambio, es un alejamiento de la agricultura industrial de gran escala y de las cadenas de supermercados que distribuyen sus productos. En Brasil, y por cierto en todo el continente americano, las corporaciones gigantes controlan mucha de la producción agrícola de los países. El modelo corporativo industrial de agricultura descansa en subsidios gubernamentales masivos, en la especialización y la intensificación de cultivos, y utiliza maquinaria onerosa y químicos. Contra estos Goliats de la producción, los pequeños posesionarios y las fincas familiares no tienen muchas oportunidades de competir. Las fincas pequeñas se endeudan y quiebran, y se aprieta el puño de los gigantes corporativos de la agricultura.

A su vez, estas corporaciones del agronegocio, integradas verticalmente,  confían en los supermercados como mecanismo para aumentar sus ganancias. Los supermercados pueden ser la etapa en la que se representa el drama de la exclusión social. Un porcentaje de la población mundial (porcentaje que crece rápidamente), ve en los supermercados el acceso primario a alimentos frescos. Despliegan para el consumidor una variedad de bienes, con marcas y paquetes que cultivan el reconocimiento de las marcas y una lealtad a ellas. En estos paraísos de las ganancias de las corporaciones, los que compran se dividen en líneas de clase basadas en lo que cada una puede pagar y en las mercancías que sobrevivirán el largo viaje de regreso a casa. Los ricos y los pobres tal vez compren en las mismas tiendas, pero abandonan el almacén con compras muy diferentes.

La división es igualmente tajante entre clases de productores. Muchos campesinos en pequeño simplemente no pueden mantenerse en el negocio vendiendo sus productos del campo a los supermercados porque éstos pagan precios de mayoreo que vuelven bajísimos artificialmente. Por ejemplo, la cadena francesa de supermercados Carrefour es muy poderosa en Brasil, pues cuenta con cincuenta millones de consumidores en cerca de quinientas tiendas en el sur de Brasil.1 En el tiempo en que se hicieron las entrevistas para este texto, Carrefour en São Paulo le pagaba a los agricultores seis centavos brasileiros (unos cuatro centavos de dólar) por pieza de lechuga. Para quienes cuentan con cientos de miles de hectáreas, y millones o miles de millones para gastar en sofisticada maquinaria y químicos, es posible obtener ganancias de lechugas que se vendan a cuatro centavos de dólar. Pero para los campesinos en pequeñas parcelas que intenten competir, ya no es rentable cultivar. Terminan yéndose a las ciudades, a lavar ropa, o a vender droga en las calles; y la tendencia al deterioro rural continúa.

Para confrontar ambos lados de este reto que se les presenta a los residentes de las barriadas, CSF cultiva huertos que al ser lo suficientemente grandes pueden ser productivos en lo económico, y no están únicamente rayando en la línea de vida nutricional. Producir excedentes conduce al desarrollo de mercados locales para frutos y vegetales orgánicos en los barrios que nunca antes tuvieron tales lujos. Los mercados son, de hecho, uno de los aspectos más excitantes del modelo de Cidades Sem Fome, porque comienzan a desmoronar el apartheid nutricional que divide a São Paulo entre ricos y pobres. Además del orgullo y la autoestima que proviene de que los vecinos trabajen juntos en la mutirão de estos mercados, los bajos precios les dan acceso a productos agrícolas frescos a una sección mucho más amplia de la población. Una cabeza de lechuga en estos mercados se vende por un Real (unos 60 centavos de dólar); comparado con Carrefour, es un precio mucho menor para el consumidor y es mucho más alta ganancia para el productor.

Los precios en estos mercados "campesinos", locales, de vegetales frescos, son menores que en los supermercados, entre otras cosas debido a la ausencia de intermediarios. Como anotamos antes en el ejemplo de cómo fija Carrefour el precio de la lechuga, los supermercados corporativos requieren una discrepancia enorme entre el precio de mayoreo y el de menudeo para los productos frescos, con el fin de sustentar los costos indirectos de las corporaciones internacionales completas. Del personal de los supermercados para arriba, pasando por los ingenieros y mecánicos y las oficinas administrativas, los equipos legales, los asesores financieros, los ejecutivos, los miembros de la junta directiva, toda la cuenta hasta el final de la línea la pagan los agricultores y los consumidores. Pero ¿por qué tiene que ser que los campesinos que batallan y los desposeídos que habitan las barriadas sean forzados a tomar parte una estructura injusta y tan sobrecargada? ¿Por qué tienen las mujeres de Favela Sabopemba que contribuir a los paquetes de beneficios de la junta directiva de Carrefour?

Si se le piensa como modelo de desarrollo o como solución a la crisis alimentaria global, algunos alegarán que el cultivo de hortalizas y los mercados locales son "poca cosa", un simple vendaje en la herida ocasionada por un sistema de producción alimentaria que se está saliendo de control. Puede ser así, y tal vez las soluciones de largo plazo no estén en las ciudades que consumen sino en el campo que produce. Los campesinos y los pequeños propietarios por todo el mundo claman en pos de una reforma agraria mientras la máquina de producir alimentos de modo intensivo, basado en el capital, daña más tierra y hace obsoletos más mercados locales. Pero conforme la lucha de los campesinos sigue adelante, tal vez invisible o ajena para la población urbana del mundo, los marginados pobres en las ciudades y barriadas no pueden seguir esperando a que se cumplan las promesas del desarrollo capitalista. Cuando los precios de los alimentos trepan a alturas ridículas, pensar en que el capitalismo les brindará frutos es una fantasía que ya no pueden darse el lujo de pagar.

Uno de los principales retos de este movimiento autónomo que busca librarse de la agricultura industrial y del hambre urbana es encontrar un método de distribución de los productos agrícolas que le de la vuelta a los supermercados y a todos los problemas que generan. Es por eso que los mercados de hortalizas orgánicas  en las favelas que promueve Cidades Sem Fome son tan importantes. No es sólo que pongan huertos y productos orgánicos directamente en manos de quienes más desesperadamente los necesitan; juegan un papel en respaldar este valiente alejamiento del sistema que destruye economías, hábitats, y familias.

1 Reardon, Thomas. et al. "Supermarkets in Africa, Asia, and Latin America." American Journal of Agricultural Economics. V.85. No.5 (2003) 1144

domingo, 2 de octubre de 2011

Vandana Shiva

Vandana Shiva

«La revolución es inevitable y será ecológica; la gente quiere menos capital y más bienestar»

Premio Nobel Alternativo y ponente del Festival Rototom. Inspirada por personajes como Einstein o Gandhi, física nuclear y filósofa, esta ambientalista india rechaza la energía nuclear por ser contaminante e inventada para matar. Defiende la ecología como parte inseparable de los derechos humanos y sigue creyendo más que nunca en una alternativa al brutal capitalismo basada en el amor y la no violencia.

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Vandana Shiva, en un momento de la entrevista.
Vandana Shiva, en un momento de la entrevista.  ana torregrosa
­NACHO MARTÍN CASTELLÓ
Si hay algo que alguien recuerda la primera vez que habla con Vandana Shiva es su sonrisa cautivadora, asombrosamente constante, siempre dispuesta a compartir los pequeños secretos de la felicidad; esos que hacen que este mundo siga mereciendo la pena.

¿Puede la ecología parar las guerras?
¡Sólo la ecología puede parar las guerras! Porque las guerras se hacen por recursos naturales: petróleo, minerales, agua... Y si alguien no respeta la tierra, tampoco puede respetar los derechos humanos. Todo el mundo tiene derecho a los recursos naturales.  

¿Existe alternativa al capitalismo?
La mayoría del mundo sobrevive fuera del capitalismo; en mi país, el 95% de la población. Y la mayor parte de la historia de la humanidad no ha tenido capitalismo.

Pero el capitalismo de los países occidentales sí influye en el resto del mundo, para bien o para mal....
En los últimos 50 años la parte mala se ha hecho más grande. En vuestros países, el capitalismo tenía una cara social y ello ha llevado a muchos a desistir en su lucha contra él. Por eso pasa ahora lo que vemos en crisis como la de Grecia, España, Irlanda o Islandia, y estos son sólo unos pocos de los primeros países donde pasará. También está pasando en Inglaterra. En nuestro mundo, el capitalismo entra y te roba la tierra, con su cara más brutal. En el vuestro la crisis ha hecho que el capitalismo se quite esa careta social y empezáis a vivir el capitalismo brutal.

En Grecia creen que han empezado una revolución que liderarán con España e Italia para cambiar el mundo, aunque aún no saben cómo...
Visité la Puerta del Sol y veo que el 50% de la población han sido expulsados por el sistema económico, un 49% de desempleo entre los jóvenes; que es como decirles «no tenemos sitio para ti en el sistema». Hay gente tirada en las calles, hay inteligencia en la calle, y va a buscar un cambio. Es inevitable esa revolución; no puedes excluir del sistema al 50% de la sociedad y esperar que nada ocurra. Lo que va a ocurrir no dependerá del sistema financiero. La gente quiere menos capital y más bienestar. Sea cual sea el cambio será ecológico y sostenible. No es ninguna utopía vacía. Es un imperativo ecológico y social.

En los 70 usted se abrazaba a los árboles para evitar que los talaran. ¿Debería la gente abrazar árboles más a menudo?
La gente debería abrazar más a menudo todas las cosas valiosas. Los árboles son valiosos, el suelo es valioso, los niños lo son. Tenemos que declarar con amor: «¡tú no vas a destruir estas cosas valiosas!».

¿Por qué ecología y derechos humanos están vinculados?
La ilusión de la filosofía mecanicista y el capitalismo han intentado meter en nuestras mentes que están separados y que no somos parte de la naturaleza. Lo cierto es que el capitalismo financiero crece, pero el bienestar humano no. Las cosas más básicas vienen de la tierra. La energía nuclear es la más cara y peligrosa y aún nos dicen que es limpia y segura. La fast-food está destruyendo nuestros bosques y matando nuestros cuerpos, desconecta nuestro cerebro para que no pensemos y no elijamos; los fertilizantes contaminan aguas y con los transgénicos estamos contaminando y destrozando la diversidad de miles de especies para que alguien patente un monocultivo.

¿Qué significa para usted no-violencia? ¿Cree que la Satyagraha de Gandhi (lucha pacífica) es posible hoy en día pese a la violencia de los gobiernos?
El principio de la no-violencia es no dañar ni a la tierra ni a los seres vivientes. En India estamos aplicando la Satyagraha de Gandhi con la defensa de las semillas; y en las calles de India se está practicando no-violencia contra los políticos corruptos. Y sí, los gobiernos son más violentos porque la globalización capitalista exige una acción militar violenta. Hay gente que muere, pero si tu respuesta es coger una pistola te aseguro que ya habrás perdido, porque los ejércitos capitalistas tienen más armas de las que tu nunca podrás llegar a tener. La no-violencia es más ética, efectiva y evita que se criminalice a un movimiento. Desde el miedo no lo puedes hacer, sólo con amor, también es una cuestión de conexiones... y el momento mágico llega.

¿Es la falta de contacto con la naturaleza la causa de tanto estrés, infelicidad, depresiones...?
Tiene incluso un nombre: Desorden por Déficit de naturaleza. Se ha comprobado con mucha gente que se pone bien nada más tener contacto con la naturaleza.

¿Cuál es su mayor lección aprendida?
Que no hay una fuerza más potente que el amor. Como ejemplo te puedo decir que estoy aquí con mi hijo. Soy madre soltera y la mayor parte de las cosas buenas que he hecho han sido guiadas por mi amor por él, por mi deseo de que tenga lo mejor. Podría haber sido una persona enfadada y descontenta, pero he hecho del amor un enriquecimiento para mi vida.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Árboles transgénicos: la carrera de las empresas

 


El afán de la industria forestal por incrementar sus ganancias ha llevado a una homogeneización creciente de los cultivos de árboles destinados a la producción de madera y celulosa.

Se empezó seleccionando las especies de crecimiento más rápido, de troncos rectos, pocas y delgadas ramas y madera adecuada para el uso industrial. Luego se adoptó el paquete de la Revolución Verde: creciente mecanización de las tareas forestales, aplicación de fertilizantes químicos, agrotóxicos para combatir las plagas y herbicidas para evitar la competencia de otras plantas con los árboles plantados. Un elemento importante fue la selección genética tradicional para "mejorar" el desempeño de las plantaciones en términos de rendimiento de madera, a la que pronto siguió la hibridación y clonación de los "mejores" árboles. La siguiente etapa fue la modificación genética de los árboles, para alcanzar una producción aún mayor, pero que ha levantado fuerte resistencia social así como cuestionamientos científicos en relación, por ejemplo, con el riesgo de 'contaminar' el material genético de los árboles nativos. Por eso, aún sigue mayoritariamente en etapa experimental (al respecto se pueden consultar las hojas informativas del WRM sobre la situación de los árboles genéticamente modificados país por país, disponibles en: http://wrm.org.uy/subjects/GMTrees/Information_sheets.html).

Los intereses en juego se han complejizado; las empresas foresto-celulósicas están vinculadas a grandes laboratorios y forman conglomerados de trasnacionales aún más vastos. El interés de lucro no cesa.

En las últimas semanas se han producido algunos hechos que ilustran los intentos del sector forestal - incluidas empresas forestales y laboratorios de tecnología - por lograr la introducción comercial de árboles transgénicos en dos países importantes para el sector: Estados Unidos y Brasil.

ArborGen, con sede en Carolina del Sur, Estados Unidos, es líder internacional en investigación y desarrollo de árboles genéticamente modificados y lleva adelante sus planes de comercializar "sus" árboles transgénicos tanto en los Estados Unidos – donde ya tiene plantaciones - como en Brasil. Las plantaciones de árboles transgénicos tendrían múltiples destinos: serían utilizadas para la producción de pulpa de papel, para los llamados combustibles celulósicos de "segunda generación", para la producción de electricidad a partir de madera.

Entre el 26 de junio y el 6 de julio, en el Estado de Bahía, Brasil, tuvo lugar la "2011 Tree Biotechnology Conference", conferencia anual sobre biotecnología forestal de la IUFRO (Unión Internacional de Organizaciones de Investigación Forestal). El evento fue patrocinado por empresas de papel y celulosa como Veracel Celulose, propiedad de la transnacional suecofinlandesa Stora Enso y la brasileña Fibria, y empresas proveedoras de biotecnología para la industria como ArborGen.

La conferencia reunió a unos 300 representantes e investigadores de la industria. Entre los temas tratados estuvo el del futuro comercial de los árboles transgénicos. Algunos empresarios brasileños destacaron la importancia de que Brasil apruebe el uso comercial de árboles genéticamente modificados lo antes posible, a riesgo de quedar rezagado en la carrera por el eucalipto transgénico. Así, el vicepresidente de estrategia y desarrollo de FuturaGen, una de las empresas de biotecnología participantes declaraba: "Ya estamos prontos para el mercado. Hicimos todas las pruebas de performance. Falta la reglamentación" (1).

La preocupación por no retrasarse en la carrera por el eucalipto transgénico probablemente se vincule a la solicitud que elevó la compañía ArborGen al Departamento de Agricultura de los Estados Unidos para vender anualmente 500 millones de eucaliptos transgénicos diseñados para tolerar el frío, producir menos cantidad de lignina y digerir parte de su propio ARN a fin de reducir su fertilidad (una tecnología genética de tipo Terminator) (2) (por más información al respecto ver el documento informativo del WRM "Los árboles transgénicos", en http://www.wrm.org.uy/temas/AGM/documento_AGM.pdf

El referido organismo había autorizado previamente la plantación experimental de 260.000 de esos eucaliptos en 29 campos de prueba. Esta decisión se enfrentó a un juicio que el 1º de julio de 2010 iniciaron y llevan adelante tres organizaciones miembros de la Campaña STOP GE Trees - Global Justice Ecology Project, Dogwood Alliance y Sierra Club.(3)

Brasil ocupa el 4º lugar mundial en la producción de celulosa, y en este país la expansión de las plantaciones industriales de árboles ha sido acelerada, a enorme escala y ha perjudicado de tal forma a las comunidades rurales que dio origen a una gran resistencia, de la cual dan testimonio organizaciones como Red Alerta contra el Desierto Verde y Vía Campesina, por citar algunas.

El empuje de la industria forestal por la introducción de árboles transgénicos a su esquema de producción no mengua. ¡Es vital que tampoco mengüe la resistencia!

Artículo basado en información obtenida de: (1) Reportaje de Stella Fontes publicado por el periódico Valor, 04-07-2011, http://www.valoronline.com.br (2) Action Alert: End U.S. FrankenTree Experiments: Genetically Engineered Trees Risky, Unnecessary and Must Be Resisted Until Banned - http://forests.org/shared/alerts/sendsm.aspx?id=frankentrees (3) "Groups Sue U.S. Gov't Over GMO Trees", Press release, http://www.globaljusticeecology.org/pressroom.php?ID=417

Artículo publicado en el boletín de julio 2011 del WRM

 





 

Adiós a las semillas

Monsanto: Chile, adiós a las semillas

Entre cuatro paredes, sin consultar con la ciudadanía, senadores aprobaron vender todas las semillas chilenas a la empresa norteamericana Monsanto.


Monsanto: Chile, adiós a las semillas
La noticia pasó inadvertida en medio de las movilizaciones contra el proyecto Hidroaysén, registradas en Santiago, Valparaíso y otras regiones del país. Ni la televisión ni las radios ni menos la prensa escrita informaron sobre esta decisión que dejó a muchos estupefactos pues en la práctica significa una fuerte pérdida de soberanía.

En palabras simples, con el "acuerdo" de los senadores, la empresa norteamericana Monsanto, conocida en todo el mundo por su elaboración de semillas transgénicas, será la dueña de todos nuestros vegetales, hortalizas, frutas y verduras, de aquí a un corto plazo. Esto, porque la empresa poseerá las patentes de todos los tipos de semilla que existan en el país, por lo tanto, como dueña de la marca "tomate chileno" podrá cobrar derechos a todos quienes cultiven tomate pues usaron sus semillas para hacerlo.

El asunto parece grave y muy grave. No se entiende cómo un grupo de senadores que supuestamente trabajan para el país, entregan a la venta algo tan sensible como las semillas: el inicio de toda la cadena alimenticia, de todo el ciclo, algo ancestral, que está en la tierra, y donde al menos culturalmente, reside gran parte de la escasa identidad que tenemos los chilenos como pueblo. Si lo pensamos en términos de soberanía, claramente el asunto constituye un mordisco importante a la bandera, el escudo y todo lo que se entiende por "patria".

Cuando Chile aprobó su Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, el poeta Armando Uribe señaló tajante en una entrevista que con ese acuerdo "nuestro país desaparece como tal y pasa a ser una colonia norteamericana". Lo acusaron de alarmista, de loco, pero jurídicamente, Uribe – abogado de amplia trayectoria, experto en derecho minero – tenía toda la razón. Una de las cláusulas más importantes del TLC es que Chile no puede cambiar las "reglas del juego", entiéndase, el capitalismo desregulado o neoliberalismo. Por lo tanto, las autoridades políticas chilenas están obligadas a responder a los requerimientos de las empresas norteamericanas, que llegan a "invertir" acompañadas de su embajador y el TLC bajo el brazo. No hay forma de impedirlo, y eso significa que un país ya no es soberano, ya no se manda solo: es una colonia dependiente.

En este caso de las semillas, también, justamente, los defensores del proyecto aludieron a los Tratados de Libre Comercio suscritos por Chile con Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, argumentando que estábamos obligados a firmar el convenio citado. ¿Para quienes trabajan esos senadores? O hilando más fino, ¿quién financia sus campañas?

Más claro echarle agua, los gringos se compraron Chile y ahora la estamos viendo bien fea, arrasarán la Patagonia, desaparecerá Isla Riesco, nos quitaron las semillas, el campo y dentro de poco, el agua. ¿Qué nos va a quedar? Con una institucionalidad desaparecida, arrasada por el poder económico, sólo queda dar paso a una mera administración de los costos sociales del modelo de libre mercado, y seguir siendo una economía exportadora de materias primas.

Mucha gente se pregunta entonces ¿cuál es la diferencia entre esta democracia y la dictadura de los '70 y '80? Antes no opinábamos, ahora tampoco. El país se vende entero y a nosotros ni nos preguntan, pues nuestra constitución no considera el plebiscito como herramienta democrática. Aunque con el famoso TLC, aunque hubiera plebiscito, no valdría nada pues "no se pueden cambiar las reglas del juego". ¿O quieren hacer enojar a EE.UU.?

Así que ya lo sabe, si tiene semillas de algo, guárdelas como recuerdo, y ojo porque ahora Monsanto es el dueño de la tierra, y quien quiera cultivar en grande o en chico tendrá que comprarles a ellos las semillas o atenerse a las consecuencias: llega a tu casa la PDI, te confisca toda la cosecha, los cultivos y las plantaciones, te esposan y te acusan de ladrón, porque la semilla que usaste no es tuya, tiene dueño. Y es norteamericano.

Lo que estos senadores acaban de aprobar es el Convenio Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales, UPOV 91.

La Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales, UPOV, es una organización propiciada por las transnacionales comercializadoras de semillas y respaldada por los gobiernos, de la que Chile es parte. En los primeros años producían híbridos y hoy también transgénicos. Entre ellas están las empresas Monsanto –que controla más del 90% del mercado de la semilla transgénica- Syngenta, Bayer, y Dupont/Pioneer. Las ventas de semillas y plaguicidas les reportan enormes ganancias a costa de la destrucción de la agricultura campesina, remplazada por la agroindustria y los monocultivos de semillas transgénicas. El precio de los alimentos, según FAO, se encuentra actualmente en los niveles más altos de la historia.

El Convenio Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (Convenio UPOV) ha sido modificado en tres oportunidades: 1972, 1978 y 1991. En Chile, el exitoso lobby empresarial para que nuestro país, firmante de UPOV 78, adhiriese a UPOV 91, fue encabezado por Monsanto a través de ChileBio con el apoyo de ANPROS (la asociación gremial de productores de semilla transgénica de exportación) y del Diario Financiero, virtual vocero del negocio de exportación de semilla transgénica. El gobierno y senado chileno finalmente se rindieron a la presión adicional del Presidente Obama, cercano a Monsanto, quien traía en su agenda de visita a Chile, el tema del respeto a la propiedad intelectual.

Fuente: Sol Media Canada

Publicado: 25 de mayo, 2011

martes, 6 de septiembre de 2011

Argentina: Los que piden tierras en Jujuy llevan sangre india de los viejos zafreros.

7 de Agosto de 2011
Daniel Enzetti

En Libertador, la ciudad tomada por el Ingenio Ledesma desde hace décadas, el cementerio no tiene más lugar para sepultar a sus muertos. Los paredones chocan contra la propiedad privada del grupo, y ya no hay para dónde correrse.
http://tiempo.elargentino.com/notas/los-que-piden-tierras-jujuy-llevan-sangre-india-de-los-viejos-zafreros

El mismo problema de las tumbas lo tiene el sistema educativo, según reconocieron las autoridades locales al ministro Alberto Sileoni, cuando el funcionario intentó poner en práctica la construcción de establecimientos a partir de una demanda en la región.
La familia Blaquier carga con todo. Los cuatro muertos del mes pasado, elegidos entre los que se atreven hoy a pedir unos metros de tierra para vivir, se agregan a la historia del crecimiento a sangre y fuego de uno de los grupos empresarios más concentrados del país. Impune a pesar de la Noche del Apagón, cuando con camiones de la planta, el 27 de julio de 1976, la dictadura secuestró a casi 400 habitantes de la región, 30 de los cuales permanecen desaparecidos. El ingenio, cómplice también en la desaparición de Luis Aredez, ex intendente de Libertador que se atrevió a enfrentarlo, es dueño del 80% del Departamento Ledesma, uno de los que integra la provincia. Se trata de unas 173 mil hectáreas cultivables, más otra cantidad similar de zona boscosa. Expansión aprovechada en la época de Juan Carlos Onganía, cuando a partir del cierre de once centros tucumanos de caña y una fuerte crisis azucarera, obligó a los pequeños zafreros jujeños a vender sus pequeños lotes por monedas.
Olga Aredez, la mujer de Luis, fue hasta 2005 la bandera del reclamo de la gente. Pero en marzo de ese año, un carcinoma por bagazosis -a raíz del bagazo, el desecho de la caña de azúcar que los habitantes de Libertador respiran toda la vida- provocó su fallecimiento. "Es increíble las vueltas de la historia que soportaron mis padres", dice Ricardo. Y completa: "A los dos terminó matándolos el poder económico."
"Mi vieja nos empujaba a pelear para saber dónde estaban los restos de nuestros familiares desaparecidos -agrega-, como única manera de cerrar la historia en una provincia que sufrió mucho, olvidada, y con un tremendo monstruo empresarial que maniató a todos los gobiernos regionales, sin excepciones. El símbolo de esa lucha fue y es la Marcha del Apagón. Los comienzos de esa marcha estuvieron sembrados por el miedo general, con no más de 30 familiares caminando por la ruta, desde Calilegua hasta Libertador. Recuerdo imágenes impresionantes: la gente asomada a la ventana mirándonos pasar, y persignándose en señal de respeto, pero sin salir de sus casas. Recién a los 20 años de aquellas desapariciones en la ciudad, cuando María Adela Antokoletz y Víctor De Gennaro organizaron actos en Buenos Aires, el tema se hizo conocido, y fue creciendo hasta la actualidad, con la presencia de casi 30 mil personas."

-¿Cuál es la línea que une esa pelea con la actual crisis de la tierra en la provincia?
-Ahí está la cuestión. Los que no conocen la expansión del ingenio Ledesma y su manera de pisotear al que se le cruza en el camino, creen erróneamente que este es un simple problema de espacio y de falta de plata para levantar una vivienda. No es así, se trata de algo mucho más complicado.
-¿Qué abarca el dominio territorial del ingenio?
-Sobre todo el Valle de San Francisco, con la ciudad de Libertador en el centro. Tienen llano y selva, e incluso subsuelo rico en petróleo, como en la región de Caimancito. José Martínez de Hoz era muy amigo de la familia Blaquier, y siempre iba a cazar a la provincia. En aquella época fue el promotor de una ley para ceder a la empresa los sectores con yacimientos. En extensión, controlan aproximadamente el 80% del departamento de Ledesma. El cementerio de Libertador, por ejemplo, ya no tiene espacio para ubicar tumbas, pero en la actualidad no se puede expandir porque el predio choca contra las tierras privadas de los Blaquier. Eso da la pauta de lo grave de la cuestión, incluida la inacción de la provincia y el municipio. Nunca hicieron cumplir una ley que existe sobre expropiación, porque siempre hubo componendas y complicidad entre la empresa y las administraciones de turno. Recién lo hicieron ahora, después de cuatro muertos. En la vida democrática de un país hay momentos de gran tensión, y ese es el momento que hoy se vive en Jujuy. Instantes en que un gobierno nacional tiene que actuar, sin que con esto se interprete que se viola la autonomía. Las cartas están sobre la mesa, no podemos denunciar más de lo que hemos denunciado durante todos estos años. Al gobernador (Walter) Barrionuevo no hay que dejarlo solo, porque no es alguien en quien se pueda confiar. Sólo en Libertador las familias que tomaron tierras superan las 2500, y no se van a ir. Estoy de acuerdo en que el Estado nacional se cuide de inmiscuirse en problemas internos, pero la crisis territorial jujeña rebalsó lo interno, indudablemente. Conozco la zona y a su gente. Viví allí mucho tiempo y estoy seguro que si no se descomprime la situación, las consecuencias pueden ser gravísimas. Hablo de gente indignada por el atropello, por el abuso, por la injusticia permanente. Gente que lleva adentro la sangre india de los viejos zafreros chiriguanos, que cuando salen a la calle, salen a morir por sus familias y por sus hijos. En 1992 hubo un hecho similar, cuando los habitantes cortaron rutas y la Gendarmería, en camionetas de la empresa, reprimió y dejó un saldo de varios heridos.
-¿Cuándo fue la primera vez que Olga caminó sola en la plaza de Libertador?
-Después que murió la última madre de los desaparecidos de Ledesma que la acompañaba, Sixta Tejerina Reales. El grupo era mayor, y se reunía los jueves, pero como las presiones de la empresa crecían, y a los que trabajaban en el ingenio los amenazaban si los veían marchar, las que aguantaron fueron ellas dos. Tras el fallecimiento de Sixta, mamá quedó sola y soportó hasta que su enfermedad no la dejó mover. Fue un hecho clave que impactó a mucha gente, y por el cual lo que había pasado en la provincia durante la dictadura se hizo conocido en todo el mundo. Fijándose en eso, Hebe de Bonafini dijo alguna vez que desde los lugares más chicos y olvidados surgirían las grandes cosas, y tuvo razón. Ahora los tiempos son distintos pero los aprietes de la empresa continúan. Filman cada uno de los movimientos de la gente, con cámaras manejadas por la guardia privada.
-En 1973 el FREJULI le ofreció a tu papá ser intendente de Libertador, y también hubo represión de la guardia del ingenio.
-Sí, fue cuando la secretaria general de la asociación de educadores provinciales Marina Vilte, desaparecida, pronunció un discurso conmovedor en apoyo a los obreros azucareros que por primera vez se atrevían a llevar adelante una huelga. Acá hay un tema digno de destacar: los Blaquier siempre se prepararon para reprimir y cuidarse las espaldas. La policía privada de la empresa Ledesma fue entrenada especialmente por asesores franceses que habían operado en la guerra de Argelia, expertos no sólo en castigo físico, sino además en inteligencia. Recuerdo todavía cuando nos visitaban en la escuela primaria, tipos altos y rubios, que daban charlas sobre comportamiento, sobre supuestos cuidados necesarios en la calle. Mi padre asumió la intendencia el 25 de mayo de 1973 y estuvo ocho meses. Nunca la empresa en toda su historia había tributado impuestos y fue él el que impulsó una ley para que aportara esos dineros, con la idea de que fueran destinados a la construcción de barrios obreros. Fijate que en ese momento, el problema de la falta de tierra ya era grave. Era médico pediatra, y el ingenio lo contrató en 1958 para que atendiera a los hijos de los zafreros, en un momento en que la mortalidad infantil era altísima. Los obreros cortaban caña con 50 grados de calor, y sus hijos morían como moscas.
-Fue curioso el vínculo de Luis con el grupo. Primero presenta su currículum, lo aceptan, lo despiden y al final el ingenio se convierte en responsable de su desaparición.
-Los dos años en que él estuvo se los pasó pidiendo medicamentos para los obreros, pero el ingeniero Herminio Arrieta siempre le contestaba que a la empresa lo único que le interesaba era hacer negocio y que no había plata para medicina. Esquivó un intento de despido gracias al apoyo de los mismos trabajadores, hasta que lo echaron. Comenzó a trabajar en el hospital de Tilcara, donde nací en 1959, y al año siguiente compró un terrenito en Libertador para instalarse con la familia y poner el consultorio. Mi casa-consultorio se convirtió en el punto de reunión de los trabajadores del ingenio, que se atendían sin importar si tenían plata o no. Por esa casa pasaron Arturo Illia y Agustín Tosco, todo el mundo quería conocer a ese médico medio raro que atendía en Jujuy (se ríe). Incluso los sindicatos chilenos lo invitaron a la asunción de Salvador Allende, pero papá no pudo ir.
-Era radical. ¿Creía en lo que se dio en llamar camporismo, en aquella renovación planteada en ese momento?
-Sí, porque tenía mucha confianza en la juventud. A pesar de vivir en un feudo siniestro, era feliz cuando veía a los pibes participar en política. Para él, el camporismo era nuevo y esperanzador. Una de las cosas que recordó siempre fue las jornadas de trabajo voluntario que la JP armó cuando con pico y pala trazaron el primer camino entre Libertador y Tilcara. Mientras ocupó el cargo en la municipalidad nunca se olvidó de su profesión. Un día abrió una cuenta en la farmacia Muñoz, para que los zafreros sacaran los remedios que necesitaban. A fin de mes, iba y pagaba de su bolsillo. Pero más allá de su especialidad, era un médico tan respetado que hasta el personal jerárquico de la empresa, y sus esposas, docentes de Jujuy, lo elegían para tratarse.
-¿Qué decía Olga?
-No entendía cómo su marido bancaba las pastillas y los jarabes de los obreros, y ella no tenía plata para maquillaje (se ríe). Mamá era docente, fanática del debate y la Historia pero no tan cercana a lo político. La primera vez que lo secuestraron, el 24 de marzo de 1976, para ella significó una bisagra. El operativo fue a las 4 de la mañana, con una camioneta de la empresa Ledesma manejada por personal propio y efectivos de las Fuerzas Armadas. Yo pude ver todo desde mi habitación. Estuvo un año preso en la cárcel de Villa Gorriti y después en La Plata, hasta que lo liberaron en marzo del '77. La dictadura, en complicidad con el ingenio, le prohibió trabajar a menos de 15 kilómetros de Libertador y eso ocurrió hasta mayo de ese año, cuando lo secuestraron definitivamente, con auto y todo. A partir de ahí empezaron las amenazas constantes, las violaciones de domicilio, los grupos de tareas vigilando, los allanamientos, los robos. La ciudad estaba aterrada, hasta que llegó la gran Noche del Apagón el 27 de julio, que en realidad fueron varias noches, y no una. Ese 27 las luces se apagaron exactamente a las 10 de la noche. Yo estaba sentado en la plaza, quise volver, y cuando estaban a punto de meterme en un camión, un gendarme le dijo a otro "esperá, a este no que es Aredez". Dieron electricidad a las 6 de la mañana del día siguiente, y desde ese momento, mi casa de Victoria 561 nuevamente se convirtió en lugar de encuentro, esta vez para los familiares de desaparecidos que venían desesperados a buscar ayuda. Es increíble las vueltas de la historia que soportaron mis padres. A los dos terminó matándolos el poder económico. Está demostrado que el carcinoma que originó el fallecimiento de Olga fue por bagazosis, con estudios certificados por el Hospital Italiano de Córdoba. Y el responsable de esa enfermedad es la empresa Ledesma. En un trozo de pulmón que le sacaron a mi madre pude ver el hollín que carcome el organismo y origina la enfermedad.
-¿Por qué esos estudios no se extendieron a todo Libertador?
-Por el tremendo peso del poder empresarial del ingenio, y porque llegar a la conclusión de que los carcinomas son fruto del bagazo significan análisis carísimos que la gente no puede pagar. Los habitantes respiran eso todo el día, viven con nubes de humo negro y falsas bronquitis, sienten el olor a huevo podrido de la celulosa mezclada con productos químicos, y ven enormes chimeneas escupir veneno las 24 horas, todo el año. El Barrio Jardín es el más afectado, ubicado junto a la montaña de bagazo más grande, a cielo abierto, que según organismos internacionales debería estar a no menos de 15 kilómetros de los lugares poblados. El juez jujeño Héctor Tizón, un brillante escritor exiliado y perseguido por la dictadura, fue el único que se animó a hablar de este tema y pedir que se haga algo con la contaminación masiva. En la otra vereda, el Colegio Médico provincial ni siquiera opinó. El ingenio nunca respetó la democracia, y siempre arrasó con todo. Explotó a sus trabajadores, secuestró gente durante la dictadura, contaminó a una provincia entera, y fue ocupando cada vez mayor cantidad de hectáreas, sin que ningún gobierno local hiciera absolutamente nada. Pero ahora es distinto. La gente está muy enojada, y puede pasar cualquier cosa.


viernes, 2 de septiembre de 2011

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