domingo, 29 de mayo de 2011

8 mitos sobre la crisis alimentaria


2011-05-09

Con el mercado hemos topado, amigo Sancho

Ocho mitos sobre la crisis alimentaria actual

Vicent Boix

Antecedentes
 
Un accidente nuclear, unos bombardeos de la OTAN y un Bin Laden después, y sigue subiendo el número de hambrientos. De hecho, desde el verano pasado los precios de los alimentos no han dejado de crecer hasta alcanzar valores récord en 2011. El punto de ignición se originó con la disminución de las cosechas de cereales en algunos países exportadores, que se transformó en una reducción de la oferta que espoleó el incremento de los precios. Para garantizar su propio abastecimiento y poder defenderse del aumento, estas naciones limitaron sus exportaciones lo que constriñó más aún la oferta generando más tensión y alzas en el mercado, a la vez que el caos se iba expandiendo a otros alimentos.
 
Los primeros balances sociales consecuencia del terremoto de precios de los alimentos los dio a conocer el Banco Mundial a mediados de febrero, anunciando que durante este año el número de hambrientos podría crecer en 75 millones hasta oscilar los 1000 millones, a la vez que aumentaría en 44 millones el número de pobres extremos.[1]
 
De esta forma se arriesga gravemente el primero de los Objetivos del Milenio, que se compromete a reducir a la mitad el porcentaje de personas hambrientas. El presente y el futuro no invitan al optimismo. Datos del "Índice para los Precios de los Alimentos", que calcula la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), muestran que durante el mes de febrero se alcanzó el record en los precios, aparte de constituir el octavo mes seguido con una tendencia claramente alcista.[2] Los últimos índices de marzo y abril mantienen la dinámica y perpetúan esta agónica situación, porque a pesar de la ligera reducción en los precios, éstos siguen un 36% más inflados respecto a los valores de hace un año.[3]    
 
Dos lógicas opuestas para diagnosticar un mismo problema
 
A efectos de este artículo, la cadena comercial alimentaria se podría dividir en tres eslabones. El primero lo componen los países exportadores; que comercian sus cosechas en el mercado internacional que es el segundo eslabón; para que puedan ser adquiridos por las naciones importadoras que conformarían el tercero.
 
Una vez hecho este matiz decir que la primera de las lógicas se denominará "humana", porque antepone el estómago de las personas que debería prevalecer a cualquier otra premisa. La segunda es la "lógica del mercado" y es la que imponen con calzador los poderosos y sus políticos. Para ésta el centro del universo es el mercado, que debe ser totalmente libre de ataduras y obstáculos porque se basa en el principio metafísico de que el mercado es capaz de autorregularse, o como se dice metafóricamente, existe una especie de mano invisible que repartirá el pastel de forma justa y equitativa.
 
Para la "lógica humana" -defendida por el que escribe- el problema de la crisis de los precios tiene su origen en "manos visibles" del mercado cuyas operaciones bursátiles, sin ser armadas, son socialmente más criminales que las bombas del cadáver Bin Laden; por tanto, las soluciones deben encaminarse a frenar los abusos de este mortífero segundo eslabón de la cadena. Para la otra lógica, el mercado es un ente intocable que por dogma de fe debe ser libre a cualquier precio. Los idealistas creen las propiedades sobrenaturales de su autorregulación filantrópica, mientras que para los pragmáticos el mercado es una manera de forrarse y por eso no quieren regulación, salvo cuando les interesa para lucrarse más si cabe. Bajo la "lógica del mercado", que es la que se ha impuesto, la causa del incremento de precios tiene su origen en los países exportadores e importadores (eslabones primero y tercero), es decir, en la humanidad misma.
 
Mito 1: Existe un desequilibro entre la oferta y la demanda de alimentos
 
O dicho de otra manera, el problema es que el primer eslabón de la cadena produce menos alimentos y el tercero consume más. Por el contrario, el papel del segundo eslabón (mercado) se ciñe a fijar inocente, salomónica y mecánicamente unos precios que en este caso son elevados porque la oferta de cereales es menor a la demanda.
 
Con datos de la FAO de este mes de mayo, para este ciclo 2010-2011 se prevé que el balance mundial entre la producción y el consumo de cereales arroje un déficit de 43,1 millones de toneladas. Pero las reservas, que oscilan los 483 millones, permiten hacer frente 11 veces al déficit estimado.[4] Durante varios años en la última década fue peor la relación entre producción, consumo y reservas, pero nunca los precios ascendieron tanto como ahora o 2008. En 2003-2004 las reservas sólo cubrían 6 veces el déficit existente en aquel momento y los precios eran la mitad que ahora.[5]
 
La propia FAO, en septiembre de 2010 repartía optimismo a través de un comunicado de prensa en el que afirmaba que "no hay indicios de una crisis alimentaria mundial" y que "el suministro y la demanda mundial de cereales se presentan suficientemente equilibrados (…) La previsión para la producción mundial de cereales en 2010 se sitúa en 2 239 millones de toneladas, tan sólo un uno por ciento menor que el pasado año y la tercera mayor registrada hasta hoy."[6]
 
El discurso sereno, paradójicamente se tornó en dramático dos meses después coincidiendo con la edición del informe "Perspectivas Alimentarias", en el que se informaba de los cereales que "unos déficit imprevistos de producción debidos a fenómenos meteorológicos influyeron negativamente en las perspectivas para el suministro mundial de cereales…".[7] Se cuantificaba la nueva cantidad de cereales en 2216 millones de toneladas, frente a los 2239 de septiembre.
 
Y es que de no haber indicios de crisis y de un equilibrio del suministro y la demanda, en unas pocas semanas se pasa al alarmismo por 23 millones de toneladas menos (el 1% de la producción mundial) pero ¿realmente puede este 1% provocar tal desbarajuste?
 
Porque en una resolución de febrero el Parlamente Europeo mantenía que "…en la actualidad el suministro total mundial de alimentos no es insuficiente (…) son más bien la inaccesibilidad de los mismos y sus elevados precios los factores que privan a muchas personas de la seguridad alimentaria."[8]Entonces, si la crisis no es de escasez sino que se origina por el alza de los precios que impide la accesibilidad a los alimentos, pero este ascenso no surge de un desequilibrio real por una menor oferta y una mayor demanda, y si además se suma que durante años la situación fue peor pero los precios se mantuvieron equilibrados, entonces, indudablemente, hay un factor independiente al primer y tercer eslabón que está distorsionando gravemente los precios, que se llama especulación, que está incrustado en el segundo eslabón (mercado) y que según la Eurocámara es el causante del 50% de los incrementos en los precios.
 
Para más información decir que hay dos tipos de especuladores. Los fondos de inversión, de pensiones, de cobertura, etc. que según el Observatori del Deute en la Globalització "…compran y venden contratos de futuros esperando sacar beneficios en cualquiera de las transacciones, independientemente de que estos contratos se materialicen."[9]Después están los intermediarios (destacando las transnacionales agroexportadoras como Cargill, Monsanto, etc.) que manejan grandes cantidades de productos como el cacao, cereales, etc. lo que les confiere influencia en la oferta de alimentos, no dudando en almacenar grandes cantidades para desabastecer el mercado y forzar una subida de precios. Estos intermediarios también especulan con contratos de futuros.
 
Bajo la "lógica humana" habría que actuar sobre estos elementos transgresores para evitar más hambrientos, pero bajo la todopoderosa e imperante "lógica del mercado" debe ser el mundo quién se amolde a sus reglas y concretamente los países del primer eslabón que deben disponer más alimentos en el mercado en busca de su bendita autorregulación, aunque esté infestado de especuladores, aunque caigan más famélicos y aunque en realidad hay alimentos suficientes.
 
Mito 2: Los chinos y los indios comen más y mejor
 
En este supuesto son dos países del tercer eslabón quienes han desquilibrado la balanza, aunque con cifras de la FAO de noviembre, el consumo humano de cereales estimado para este año crecerá un 7,10% respecto a 2005 y el consumo de cereales para piensos lo hará un 2,24%. En cuanto a la oferta, la producción mundial de cereales prevista para 2011 será un 8,10% superior a la de 2005. Por tanto, los incrementos en los consumos de cereales para humanos y piensos, porcentualmente serán armónicos y proporcionales al crecimiento de la producción, tomando como referencia datos de 2005 y 2011.
 
Para el ciclo 2010-2011, el volumen de cereales para consumo humano y para piensos rondará los 1820 millones de toneladas (demanda) cuando se prevé una producción global de 2216 millones de toneladas (oferta). Alimentando estómagos y animales de granja sobrarían 396 millones de toneladas. El verdadero desequilibrio en la demanda de cereales es producido por otros consumos alejados de los esófagos, fundamentalmente agrocombustibles. Para 2011 se estima que se desviarán 433 millones de toneladas para estos usos, que respecto a 2005 supone un aumento del 44%. Los 396 millones de toneladas sobrantes, no sólo desaparecen sino que se genera un déficit de 37 millones.[10]
 
Señalar los menús chinos e indios como posible causa de la crisis, aparte de ser tendencioso porque difícilmente pueda justificar el tenue desequilibrio en la demanda, tiene implícito dos mensajes subliminales hábilmente calibrados para confundir a la ciudadanía. Primero, mientras se acuse a los estómagos chinos e indios se librarán los especuladores y los coches europeos y norteamericanos. Segundo, con esta premisa, el sistema económico global basado en el libre mercado no sólo se deshace de cualquier responsabilidad por la crisis alimentaria, sino que se apunta el tanto de haber generado riqueza y progreso en países emergentes como China e India… que ahora comen mejor.   
 
Mito 3: Los países exportadores e importadores han actuado irracionalmente
 
Se dice esto porque durante los primeros meses de la crisis, los primeros limitaron sus exportaciones y los segundos compraron grandes partidas de alimentos, ambos con el objetivo común y legítimo de poder garantizar el suministro de alimentos para sus poblaciones. Pues bien, para algunos organismos y expertos este comportamiento en el primer y tercer eslabón ha sido irracional, porque ha estrangulado más la ecuación entre la oferta y la demanda.
 
Es curioso que en la sociedad del supuesto comercio libre, los inversionistas -aprovechando esa "libertad"- especulen en el mercado con total impunidad sin que nadie diga o haga algo, mientras a ciertos estados se les critica y se les presiona cuando libremente compran y venden en el mismo mercado. Por ejemplo la FAO, en enero publicaba una nota de prensa en la que explicaba algunas de las actuaciones que realizó para frenar la escalada de precios durante los meses iniciales de la crisis en 2010. Se menciona en dicha nota que "La FAO entró en ese momento en contacto con los diferentes países exportadores, con la intención de evitar un fenómeno de contagio tras las restricciones a la exportación de trigo anunciadas por Rusia. Y lo consiguió, excepto en el caso de Ucrania, país en el que al menos logró retrasar la decisión durante varios meses."[11]
 
A los países importadores la FAO ha sugerido, a través del documento Guide for policy and programmatic actions at country level to address high food prices, que apliquen medidas económicas y comerciales regresivas para reducir el precio de los alimentos en sus territorios, como por ejemplo subvenciones directas, incentivos fiscales, reducción de impuestos como el IVA, reducción de los aranceles, etc. La FAO, además, ha organizado seminarios para dar a conocer estas sugerencias y considera esencial que los estados revisen sus opciones legislativas, supuestamente para incorporar estas medidas que, van encaminadas a que las opulentas ganancias de los inversores financieros sean costeadas por los estados soberanos, que verán reducidos sus ingresos arriesgando la financiación de sus programas sociales mientras incrementan su endeudamiento.[12]
 
No ha sido posible localizar documento alguno en el que la FAO u otro organismo internacional hayan cabildeado a instituciones financieras para que frenaran la sangría especuladora.
 
Mito 4: Se trata de una crisis alimentaria mundial
 
Llegado este momento hay que indicar que la especulación en los mercados de futuros, por si misma no es la causa de la crisis. Dicho de otra manera, los países que se cultivan sus propios alimentos no tienen porque adquirirlos en el mercado. El problema lo tienen los países que han instaurado el modelo agroexportador que fomenta la siembra de cultivos para la exportación al supermercado global (sobre todo los exóticos y las materias primas) en detrimento de la producción nacional de unos alimentos que ahora obligadamente tienen que adquirir en el segundo eslabón.
 
Olivier De Schutter, relator de la ONU para el derecho a la alimentación, lo dejaba entrever en una reciente entrevista: "Los países africanos se han beneficiado de unas cosechas en 2010 relativamente buenas y no afrontan un riesgo inmediato (…) Los países que importan la mayor parte de la comida que necesitan son más vulnerables. Los menos desarrollados compran el 20% de sus alimentos, y su factura se ha multiplicado por cinco o seis desde los años 90. Esta dependencia de los mercados internacionales es muy peligrosa."[13]
 
Ameritaría otro artículo explicar los mecanismos que han propiciado el abandono de la soberanía alimentaria, pero destacar que muchos organismos como el Banco Mundial presionaron y espolearon a naciones pobres para que apostaran por la agroexportación ahogando su propia agricultura campesina. También la desaparición de los aranceles bajo la "lógica del mercado", facilitó que excedentes alimentarios subsidiados de Estados Unidos penetraran en países pobres, aniquilando la producción local lo que derivó en una dependencia de las importaciones. O casos como el de España, que en 2006 aprobó una reforma en la que reducía considerablemente su producción de azúcar (500.000 toneladas de cuota con un consumo de 1,3 millones de toneladas). El acatar la disminución en lugar de legislar en favor de una agricultura sostenible que garantice dicho suministro interno generando a la vez empleo y desarrollo rural, ha propiciado que España dependa de las importaciones y de los precios internaciones.[14]
 
A nivel general, la liberalización del mercado agrícola alejó a los estados de su función tradicional de legislar según los intereses de sus poblaciones, lo que ha provocado que la cadena alimentaria sea controlada por grandes empresas que exprimen al agricultor hasta su desaparición. Sin éste no hay cultivos y crece la dependencia hacia unas pocas transnacionales que manejan y especulan con el comercio agrícola.
 
Por tanto la crisis actual no se trata de un fenómeno coyuntural, sino que el escenario para la tragedia actual, durante décadas se fue preparando en muchos países a través de políticas liberales ortodoxas impuestas en algunos casos a través de chantajes y conflictos armados (recuerden si no, el paquete de medidas económicas que instauró el gobierno "amigo" de Irak tras la defenestración de Sadam Hussein).
 
Mito 5: Los agricultores salen ganando por el alza de los precios
 
Se cree que los elevados precios de los alimentos repercuten positivamente en los agricultores de países del primer eslabón, que se benefician de la situación y reciben mejores precios por sus cosechas. Pero esto no suele ser así, porque el principal problema que enfrenta la agricultura para la exportación es que las diferentes fases de la cadena agroalimentaria (semillas, insumos, intermediación, distribución, transformación, etc.) se concentran cada vez en menos manos. Esta situación de oligopolio da fuerza a estas "manos" que determinan las condiciones y en el caso de la intermediación y la distribución, son éstas las que establecen los precios de compra sin que la política ponga límite al abuso.
 
En España el saqueo se visualiza en el Índice de Precios en Origen y Destino de los Alimentos, que calculan la coordinadora agraria COAG y las organizaciones de consumidores UCE y CEACCU. En el estudio último de abril de 2011, los cultivos, de media, multiplicaban un 505% su valor desde el agricultor al consumidor y en algún caso concreto se llegaba al 761%. Para COAG "Una vez más, los datos evidencian que la distribución mueve los hilos de la cadena agroalimentaria a su antojo, independientemente de la evolución de los precios en el campo, e impone condiciones desde arriba para salvaguardar sus márgenes, manteniendo o incluso elevando los precios en épocas de mayor consumo…".[15] La situación es tan decimonónica que los agricultores en muchos casos no negocian un precio de venta, sino que entregan su producción y al final les abonan una pequeña migaja que a veces no cubre ni los costos de producción.
 
La propia Comisión Europea reconocía en un informe la detección de "…una serie de graves problemas en la cadena de abastecimiento, como el abuso de poder de compra dominante…". Mientras el Parlamento Europeo dejaba claro en una Resolución de febrero pasado "Que el alza de precios de los productos alimenticios no se traduce automáticamente en un incremento de las rentas de los agricultores, debido sobre todo a la velocidad con que aumentan los costes de los insumos agrícolas (…) el porcentaje de la renta de los agricultores procedente de la cadena alimentaria ha disminuido considerablemente, mientras que los beneficios de los transformadores y los minoristas han experimentado un aumento constante…".[16]
 
Mito 6: Hay que liberalizar más los mercados agrícolas
 
En un artículo publicado en enero y firmado por el ex director de la FAO, Jacques Diouf, decía que "Las medidas sanitarias y fitosanitarias unilaterales, así como los obstáculos técnicos al comercio, suponen un freno para las exportaciones y, en particular, para los países en desarrollo." y "Se debe llegar a un consenso en las negociaciones ya demasiado largas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para poner fin a la distorsión de los mercados y a las medidas comerciales restrictivas para el comercio que agravan los desequilibrios entre la oferta y la demanda."[17]
 
Una vez más, se parte de un desequilibrio que realmente no existe entre el primer y el tercer eslabón, como aclara Olivier De Schutter: "Hay escasez localizada en regiones donde las cosechas han sido bajas o que han sufrido desastres naturales o conflictos o donde las rutas de comunicación son muy pobres. Pero producimos suficiente para alimentar al mundo. Si los mercados funcionasen bien y la gente tuviera la capacidad adquisitiva para comprar la comida disponible no habría hambre. El hambre es un problema político."[18]
 
Las afirmaciones de Jacques Diouf son más graves por cuanto se apuesta, bajo la aplastante "lógica del mercado", por incidir en un modelo agrario basado en el comercio libre y en la exportación (el de los tres eslabones), en detrimento de uno que garantice la seguridad y la soberanía alimentaria de los pueblos. Con él se fomenta entre las naciones, el abandono de su auto abastecimiento de alimentos y la dependencia hacia el segundo eslabón (mercado) con su voracidad y perversidad incluidas. Para los agricultores una mayor liberalización no es provechosa, porque como se decía antes, la distribución y la intermediación imponen los precios de compra y venta. Por tanto, por mucho que se desregule y por muchas fronteras que se abran, al final es el intermediario quién acaba repartiendo el pastel. De Schutter indicaba al respecto que "…ni los pequeños agricultores se benefician siempre de los altos precios, porque están en el eslabón de la cadena más débil, ni los consumidores de la bajada de precios porque las empresas importadoras o los pequeños comercios no los trasladan al mercado."[19]
 
Mito 7: Hay que aumentar la inversión y la producción
 
No hay una escasez pero se busca acrecentar la producción (oferta) en el primer eslabón para calmar el alza de precios que acaece en el segundo. Dicho gráficamente, el lobo asaltó el gallinero y por las ventanas se echan más gallinas para saciar su voracidad.
 
Pero, el problema no es de cantidad sino de accesibilidad. No se requieren cirugías financieras y técnicas con aparatosos postoperatorios, sino una ración de justicia social y coherencia. Según el Parlamento Europeo "…al menos el 30 % de todos los alimentos producidos en el mundo se despilfarra en varios puntos de la cadena alimentaria."[20] Se refiere a la cadena controlada por unos pocos, en donde los alimentos recorren largas distancias para transformarse en productos envasados que se exponen luego en un supermercado. Y es cierto que de cara al futuro se tiene que plantear un aumento en la producción teniendo en cuenta el incremento de la población, aunque más temprano que tarde habrá que cuestionarse medidas controvertidas como el control de la natalidad, si no quiere la raza humana convertirse en una plaga que arrase con el planeta.
 
La producción y la inversión, per se, no son la panacea. Un incremento de ambas puede ser positivo si el protagonista activo es el pequeño agricultor y campesino, que genera alimentos dignamente para las comunidades locales de una forma sostenible y accesible. Pero conforme está montado el cotarro agroexportador bajo el libertinaje comercial, de nada sirve aumentar la inversión y la producción si después: A- La tierra está en manos de terratenientes e inversores que no siembran comida sino cultivos exóticos (café plátanos, etc.) y materias primas para la exportación (algodón, soja para biodiesel, etc.). B- No se legisla para eliminar, sino que se mantienen los engranajes que permiten los atropellos ejercidos por los especuladores y las transnacionales que controlan las semillas, insumos, comercialización, transformación, precios de compra y venta, etc.
 
De hecho, en una nueva vuelta de tuerca, en algunos países del sur, desde hace años ha crecido vertiginosamente la cantidad de hectáreas acaparadas por extranjeros. Algunos son estados soberanos que buscan su abastecimiento, pero otros son inversores que una vez dominados los mercados, la venta de semillas e insumos, la distribución, la comercialización, etc. ahora van a por la tierra que es lo único que no tienen bajo sus zarpas. Y es que después del batacazo de las "subprimes", el negocio agrícola es una garantía como explicaba un financiero al diario Público: "No hay prácticamente otro producto en el que invertir en estos momentos cuya demanda real sea tan clara…"[21]Porque puede bajar la demanda de coches o móviles, pero comer es preciso.
 
En esta coyuntura los "agrinversores" no irán con pequeñeces. Sus tierras dispondrán de regadíos modernos, tractores, transporte, buenas carreteras y no dudarán en contaminar el medio ambiente (ajeno) con agroquímicos y cultivos transgénicos. Abandonarán la tierra cuando acaben con su fertilidad y buscarán otras para arrasar, como hizo con sus bananeras la United Fruit. Y nunca, absolutamente nunca sembrarán para los pobres frijoles a diez pesos la libra, pudiendo vender en dólares maíz para bioetanol. Sin duda más inversión y producción pero ¿quién come?
 
Mito 8: Hace falta una nueva revolución verde
 
A mediados del siglo pasado la agricultura se mecanizó y se incorporaron semillas mejoradas y productos químicos. Este proceso que facilitó un aumento de la producción se denominó "revolución verde", aunque no logró acabar con el hambre porque no solucionaba el problema de la accesibilidad a los alimentos. Esta evidente contradicción no es óbice para que algunas voces clamen ahora por una segunda "revolución verde" que sería encabezada por las semillas transgénicas. La justificación la de siempre: aumentar la producción para paliar el desequilibrio de la oferta y la demanda entre el primer y tercer eslabón.
 
Sin embargo, apostar por una segunda "revolución verde" sería incidir en un modelo ecológicamente insostenible que ha contaminado al medio ambiente y las personas. Los efectos negativos y los fracasos de los cultivos transgénicos han sido documentados ampliamente. Actualmente sólo tienen cabida en una agricultura industrial, mecanizada, con vocación exportadora y fuertemente dependiente del agonizante y caro petróleo. Sin olvidar que los agroquímicos y las semillas transgénicas forman parte del mismo "paquete tecnológico" que se tiene que comprar, lo que amarra al agricultor a unas pocas transnacionales que se lucran con este negocio.
 
En diciembre, De Schutter publicó un informe en el que apostaba por la agroecología como un modelo ambientalmente más sostenible y socialmente más justo. Se detallaban experiencias de agricultores ecológicos que lograron mejores producciones que los convencionales y se afirmaba que "…la propagación de las prácticas agroecológicas puede aumentar al mismo tiempo la productividad agrícola y la seguridad alimentaria, mejorar los ingresos y los medios de sustento de la población rural y contener e invertir la tendencia a la pérdida de especies y la erosión genética."[22]
 
Son precisamente estas bondades sociales y ambientales las que dificultarán su propagación, ya que el modelo agroecológico cuestiona la "lógica del mercado" a la vez que desmonta el chiringuito de los que se enriquecen con las penurias de la mayoría. Por tanto, a seguir comiendo moscas y salvando bancos que Bin Laden murió y estamos de fiesta.
 
- Vicent Boix. es escritor, autor del libro El parque de las hamacas y responsable de Ecología Social de Belianís. Artículo de la serie "Crisis Agroalimentaria", ver más aquí.
 


[2] FAO: "Dificultades en los mercados de cereales con una nueva subida de los precios" Roma, 3 de marzo de 2011.
[3] FAO: "El último Índice de precios de la FAO muestra su primer descenso en ocho meses" Roma, 7 de abril de 2011.
[6] FAO: "Los mercados de futuros necesitan algún tipo de regulación"Roma, 23 de junio de 2010.
[9] Observatori del Deute en la Globalització, Càtedra UNESCO de Sostenibilitat de la Universitat Politècnica de Catalunya y Revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas: "Navegando por los meandros de la especulación alimentaria", marzo de 2011. http://www.derechoshumanosdelcampesinado.org/es/descargas.html?func=fileinfo&id=102
[12] http://www.fao.org/fileadmin/user_upload/ISFP/revisedISFP_guide_web.pdf y FAO: "La FAO organiza seminarios para altos funcionarios a fin de ayudar a los gobiernos a tomar decisiones normativas informadas" Roma, 8 de marzo de 2011.


http://alainet.org/active/46392





Soberania alimentaria


Ministros de agricultura del G20 en B. Aires mayo 2011

Precios de alimentos en discusión

Julio C. Gambina

Los ministros de agricultura de los países que integran el G20[i], y representantes de organismos multilaterales[ii], se reunieron en Buenos Aires el 19 y 20 de mayo.
 
Protagonizaron el debate a puertas cerradas, lo que en sí mismo es discutible y condenable, entre otros, Bruno Le Maire (Ministro de agricultura de Francia); Ken Ash, (directorio de comercio y Agricultura de la OCDE.); Jorge Mayer (UNCTAD); Patricia Pollard (Tesoro de EE.UU.); Michel Houdebine (Ministerio de Finanzas de Francia); Brendan Bayley (Representante de Inglaterra en Commodities); David Hallam (FAO); Vera Songwe y Michel Kerk (Banco Mundial); Luiz Pereira Da Silva (Vicepresidente de Banco Central de Brasil); José Manuel Silva Rodríguez (Director de la Comisión de Agricultura y Desarrollo Rural de la Unión Europea); e Hiroshi Nakaso (Banco de Japón). Por Argentina encabezó Amado Boudou, Ministro de Economía, Julián Domínguez, Ministro de agricultura, y otros funcionarios vinculados al sector agrario.
 
El asunto en discusión se concentró en la volatilidad y precios de las materias primas, especialmente los alimentos. El encuentro fue preparatorio de la cumbre de ministros de economía y finanzas que anteceden a la reunión de jefes de Estado en Noviembre. Se propusieron discutir sobre el ciclo productivo agrícola, la oferta y la demanda, como la regulación de los mercados financieros asociados con la especulación en alimentos. Los países centrales abogan por controlar y limitar el ascenso de los precios, mientras que los países productores pretenden mantener el ciclo favorable en la coyuntura de los términos de intercambio. Argentina, país anfitrión resultó una de las voces de mayor presión en este sentido, junto a Brasil y otros que se verían afectados en sus ingresos por exportaciones si bajaran los precios internacionales de sus producciones. La argumentación de estos países, más que limitar los precios, aboga por un incremento de la producción agraria en función del incremento de la demanda mundial, precisamente en el sur del mundo. El razonamiento es a la baja de los precios vía aumento de la oferta y no a la regulación, cuerpo de ideas que sintonizan con la hegemonía liberalizadora en el pensamiento económico mayoritario.
 
Revolución agraria y hambre en el mundo
 
El fenómeno en discusión es la volatilidad de los precios de las comodities, aunque la esencia del problema alude al modelo productivo y de desarrollo contemporáneo, pues al tiempo que se procesa una revolución agraria de nuevo tipo, que en la Argentina supone una cosecha récord de 100 millones de toneladas, la realidad es el mantenimiento alarmante del hambre y la miseria a escala mundial. Según la FAO son 1.020 millones los hambrientos del mundo a fines del 2009, y recientemente el Banco Mundial denunció 44 millones de nuevos empobrecidos a comienzos del 2011 derivado del crecimiento de los precios internacionales de la alimentación. Tanto la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el G20, advirtieron este año sobre los "riesgos de motines" por el hambre. El ministro francés de Agricultura, Bruno Le Maire, coincidió con Jacques Diouf, director general de la FAO al señalar que "Existe un riesgo real de motines por hambre".
 
En rigor, existen países demandantes de alimentos y preocupados por el encarecimiento, que afecta la calidad de vida de los sectores sociales más desprotegidos y vulnerables. China y la India, donde reside el 33% de la población mundial, con grandes bolsones de pobres y hambrientos, son grandes compradores de alimentos y demandantes de recursos naturales, que en la coyuntura se encuentran favorecidos por la expansión de sus economías. La liquidez generada por sus exportaciones les permite, por ahora, hacer frente a precios en alza que intentan morigerar invirtiendo en el ciclo productivo, comprando tierras y participando en la producción y distribución, especialmente China. Es un proceso verificable y creciente en la región latinoamericana. Egipto encendió la mecha de las rebeliones en los países árabes, precisamente por el incremento del precio del trigo, la harina y el pan. Cuba estimula una renovación de su modelo económico en el plano agrario para sustituir importaciones alimentarias. Haití desarmó su producción arrocera por importaciones baratas en tiempos de auge neoliberal, sufriendo ahora las consecuencias del desarme productivo local, algo a tener en cuenta en todo territorio. Estos países son un ejemplo, en Asia, África o América Latina, de un impacto diferenciado por el encarecimiento de los alimentos. Distinto ocurre en los países productores que pretenden ser favorecidos por la elevada demanda de la producción y el crecimiento de los precios. Es el caso de los países del Mercosur, el reinado de la soja transgénica. No solo es una cuestión de balance comercial favorable, sino de crecientes recursos fiscales necesarios para políticas sociales y de cancelación de la deuda externa pública. En definitiva, los alimentos incentivan el proceso inflacionario a escala global.
 
Pero no es solo un tema de oferta y demanda de alimentos. Influye en la escalada de precios la situación de crisis mundial de la economía capitalista, con fortísimo déficit fiscal de EEUU y un endeudamiento externo público del 100% del PBI estadounidense, que afecta a su moneda y a las relaciones del país hegemónico con el resto del mundo. Hay volatilidad de precios de los alimentos, pero en un marco de crisis fenomenal del capitalismo y especialmente de EEUU, aunque también de Europa y Japón. Los principales países capitalistas sienten en carne propia los efectos de una prolongada y profunda crisis que no encuentra final en el corto plazo, sino a costa de un gigantesco ajuste sobre los trabajadores y sectores sociales más vulnerables y desfavorecidos en sus países. La respuesta estadounidense, de desvalorización del dólar estimula inversiones especulativas en las comodities, alimentos, minerales, etc. A todo ello debe agregarse la crisis energética que desvía producción agraria para la generación de biocombustibles, potenciando la escasez relativa de alimentos.
 
La situación es de encerrona, ya que existe hambre en el mundo, al tiempo que se incrementa la capacidad de producir alimentos, de derivar producción agraria a la generación de energía, al tiempo que se estimula la especulación financiera con esa producción material como soporte. El problema es el modelo de acumulación de capitales resultante de la liberalización de las economías que viene ocurriendo desde hace más de tres décadas. La presión de los capitales hegemónicos, transnacionales, apunta a la liberalización de los mercados para resolver la ecuación central del capital, la ganancia y sus consecuencias en acrecentamiento de la riqueza y la dominación, el poder. El modelo productivo contemporáneo tiene gran capacidad para generar riqueza concentrada, siendo su contrapartida el hambre y el empobrecimiento.
 
No es una cuestión de contabilidad nacional, de países beneficiados o perjudicados según sean vendedores o compradores de alimentos, sino que se trata de un problema civilizatorio que discute la calidad y soberanía alimentaria de la población mundial. Es un tema a discutir por la sociedad en su conjunto y no es un dato alentador el carácter de debate a "puertas cerradas que escamotea las argumentaciones.
 
¿Qué acordaron en el seminario?
 
Muy poco es lo que puede esperarse de una discusión que no sale de la lógica del modelo productivo liberalizador predominante en la institucionalidad nacional y global presente en el cónclave. No hubo acuerdo con la aplicación de topes a los precios, tal como sugería en la previa el gobierno francés. El tema seguirá en un nuevo encuentro, en París entre el 21 y 23 de junio próximo. Los protagonistas hicieron votos de fe contra el "proteccionismo" que supone limitar precios, y abogaron por la "libertad de mercado", cuyas consecuencias conocemos sobradamente, especialmente en su efecto negativo hacia los sectores sociales de menores recursos.
 
Las autoridades argentinas enfatizaron la necesidad de estimular la oferta de alimentos, que motivó al ministro de agricultura de la Argentina señalar que entre Paraguay, Uruguay, Brasil y Argentina se producen "300 millones de toneladas, y estamos en condiciones de garantizar la alimentación a 1200 millones de personas del planeta", habilitando una discusión sobre la distribución de esa riqueza social, ya que resulta discutible el "nosotros" de la invocación ministerial. ¿Quién es el dueño de la producción de alimentos en los países del Mercosur? ¿Quién se apropia de la renta agraria en nuestros países? ¿Cuánto queda como recurso fiscal contra ganancias netas de inversores y propietarios? ¿Cuánto se apropia los dueños de la tecnología necesaria para asegurar el ciclo productivo y de transporte y distribución? Es cierto que buena parte de la argumentación contraponía la producción a la especulación financiera, pero es necesario también discutir los beneficiaros perjudicados del modelo de producción y distribución, más allá de la lógica condenable de la especulación con alimentos. 
 
En este sentido, el ministro francés dijo que "el mercado financiero de agricultura tiene una dimensión 15 veces mayor al mercado de bienes físicos. El 90% del mercado en Chicago está compuesto de jugadores que son fondos especulativos, que no tiene nada que ver con los mercados agrícolas. Estos son los desafíos en especulación financiera", por lo que se impone la regulación. En el cierre del encuentro, Boudou destacó que el "foco del análisis estuvo puesto en disminuir la volatilidad de los precios", de regular los mercados financieros y derivados, además de incrementar la oferta de alimentos a través de la transferencia de tecnología y del aumento de la frontera agrícola, para darle sustentabilidad a largo plazo, destacando que "el peor perjuicio es la volatilidad en el mercado de comodities, y no la suba de los precios", convocando a estudiar los "vínculos economía real y de los mercados financieros" y lograr una "solución para evitar lo que pasó con las hipotecas (de baja calidad) de los Estados Unidos. Si no regulamos los mercados de derivados, podría pasar lo que pasó con la burbuja hipotecaria".
 
En síntesis, en la reunión se decidió estimular la inversión en agricultura para aumentar la oferta; lograr la transparencia en los mercados agrícolas con mayor información, para que haya menos especulación; el diseño de mecanismos de acción para sortear una crisis alimentaria; darle un tratamiento a la volatilidad de precios; y, por último, se insistió en la necesidad de regular, sí, los mercados financieros asociados a la volatilidad en el precio de comodities. Los acuerdos son formulaciones genéricas, diplomáticas, para frenar los debates previos asociados al establecimiento de precios límites y sin mucha capacidad para ser instrumentados en el corto plazo.
 
Por un lado se puede constatar que cada país termina impulsando la política nacional más funcional a su ciclo político y social, pero por otro, existe gran incertidumbre en el sistema mundial, por las dificultades no resueltas en los principales países. Hay que destacar en este sentido la crisis fiscal y de endeudamiento de EEUU, la crisis europea, no solo de la periferia griega, portuguesa o española, sino de los bancos acreedores (alemanes y franceses) de una gigantesca e impagable deuda pública en esos países con problemas. A todo ello adicionemos las incertidumbres generadas en el FMI, articulador en el último tiempo de propuestas de salvataje, ajuste mediante, y que ahora entren en estado de zozobra por la acefalia de liderazgo derivada de la renuncia de Dominique Strauss Kahn por el escándalo de su conducta delictiva.
 
Las asignaturas pendientes
 
El carácter cerrado de las reuniones quita transparencia al debate de un tema de interés global. Hace falta democratizar la discusión sobre la cuestión alimentaria, especialmente cuando involucra a millones de insatisfechos en todo el mundo.
 
Lo que debe discutirse es el modelo productivo, no solo la distribución de la riqueza alimentaria. La inteligencia humana potencia la capacidad de producción y reproducción de la vida, sin embargo, el resultado del orden capitalista define la apropiación privada de esa revolución productiva en muy pocas manos, las corporaciones transnacionales de la alimentación y la biotecnología.
 
No se trata solo de "volatilidad" en los precios de las comodities, ni siquiera de expansión de la frontera agrícola, sino de resolver la situación en términos de soberanía alimentaria, lo que supone discutir la tierra, el agua, los bienes comunes o naturales y el orden social, para privilegiar la calidad de vida de toda la población y no solo el beneficio capitalista, el de los inversores, locales o globales.
 
Buenos Aires, 21 de mayo de 2011
 
- Julio C. Gambina es Doctor en Ciencias Sociales, UBA. Profesor titular de Economía Política, UNR. Presidente de FISYP. Comité Directivo CLACSO.
 


[i] Unión Europea, Estados unidos, Canadá, Japón, Alemania, Reino Unido, Italia, Francia y Rusia, Corea del Sur, Argentina, Australia, Brasil, China, India, Indonesia, México, Arabia Saudita, Sudáfrica y Turquía.
[ii] Fondo Monetario Internacional (FMI), del Banco Mundial (BM), de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), de la OCDE, FAO, ONU y OEA.


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sábado, 28 de mayo de 2011

Ecofeminismo-Vandana Shiva

"El ecofeminismo es realmente la filosofía de toda sociedad duradera"

La pacifista y filósofa Vandana Shiva lo tiene claro: el amor mutuo, la igualdad y las relaciones entre las personas son la base para un mundo mejor
Entrevistas - 12/03/2009 9:53 - Autor: Canal Solidario Catalunya - Fuente: Canal Solidario Catalunya





Vandana Shiva.

Luchadora desde hace años, la hindú Vandana Shiva dirige la Fundación de Investigaciones para Políticas de Ciencia, Tecnología y Recursos Naturales de la India. Premio Nobel Alternativo, ésta física teórica, filósofa y pacifista es también una de las pioneras del movimiento ecofeminista.
¿Qué significa realmente ecofeminismo?
El ecofeminismo es diferente a otros movimientos en el sentido de que, por ejemplo, mientras que se necesita tener a un brillante Marx o Lenin para crear el marxismo y el lenilismo, el ecofeminismo es tan antiguo como la vida misma. Consiste en poner la vida en el centro de la organización social, política y económica. Las mujeres ya lo hacen porque a ellas se les ha dejado la tarea del cuidado y el mantenimiento de la vida. Mientras que hacer dinero es un objetivo reciente de la humanidad, maximizar la riqueza de la vida ha sido, sin embargo, el principal objetivo de todas las sociedades a lo largo de la historia.
Como su nombre indica, ecofeminismo es la convergencia de la ecología y el feminismo. La ecología dice que no se pueden destruir los fundamentos ecológicos a través de los que sobrevivimos y el feminismo recuerda que no hemos nacido iguales pero que formamos parte de la misma especie. Así, el ecofeminismo es realmente la filosofía de toda sociedad duradera. Las personas que están ocupadas cuidando a un niño, una madre enferma o los pobres de la localidad no se dedicarán a cuidar, por ejemplo, organismos desarrollados con ingeniería genética para tolerar mejores dosis de herbicida.
¿Cómo se ha desarrollado el movimiento?
Creo que en gran parte fue una articulación de movimientos existentes. Partiendo de ahí, no estoy de acuerdo con los que dicen que son los políticos quienes crean los movimientos. Nosotras –la alemana Maria Mies y Vandana Shiva—éramos pensadoras y escritoras que vivíamos de un modo determinado y que a partir de ahí articulamos aquello que vivimos en un movimiento. Por tanto es una filosofía donde la acción y la reflexión están unidas en una relación indivisible. No necesitas tener ideas brillantes para llamar a los demás a marchar en una dirección, no hay una ideología perfecta, es simplemente una política de responsabilidad, amor y compasión.
¿Cómo se puede vivir según el ecofeminismo en los países desarrollados del Norte?
Yo nunca doy recetas, pero no creo que el hecho de que vivamos en diferentes contextos permita a nuestra razón no vivir la vida según los principios fundamentales de la justicia y la sostenibilidad. El modo de expresarse en varios contextos será diferente, pero los principios no pueden ser diferentes. Los principios se ocupan realmente del cuidado, de compartir, de charlar... y eso también es válido aquí. Por ello, en ninguna sociedad nos podemos permitir el lujo de sacrificar las relaciones; intensificarlas es de hecho la prioridad del ecofeminismo.
El capitalismo se ha presentado como un modo de crecimiento pero es en realidad un modo de pobreza porque nos obliga a comerciar y comprar cosas como el cariño de un niño, un hogar o los alimentos. Nos obliga a trabajar en aburridos trabajos para comprar nuestras necesidades básicas de supervivencia. La globalización es el clímax final del capitalismo que se va extendiendo, mientras que la riqueza de las relaciones es la que nos permite producir lo que necesitamos. Yo vengo de una región del norte de la India donde hay muchas cosas para las que no necesitamos el dinero. En mi opinión, las relaciones son la alternativa al capital y a la pobreza que causa que causa el capital.
Desde su visión como ecofeminista, ¿qué opina de los partidos políticos verdes, sobre todo en Alemania?
Bueno, cuando el partido de los Verdes empezó en Alemania era muy diferente al de ahora. La filosofía de estas formaciones era ecofeminista. Hoy día, el partido Verde es uno de los que gobierna en Alemania y ha sido reducido a la tarea de inventar excusas para la destrucción del medio ambiente y apoyar a un sistema económico injusto.
En esta línea, ¿existe alguna diferencia entre las ecofeministas del Norte y las del Sur?
No creo que haya una diferencia en términos del trabajo de las mujeres. Quizás es un poco diferente entre las ecofeministas de Norteamérica, porque creo que es una cultura muy escapista. Allí hay ecofeministas que viven la vida según unos patrones enormemente consumistas. En América el ecofeminismo ha estado muy relacionado con el movimiento new age y no cuestiona las estructuras dominantes de la economía y la política. Pero creo que esta cara del ecofeminismo como una ruta de escape se ha acabado y que el desafío es el capitalismo racista y patriarcal que asume que el hombre ha de ser de este modo y que las mujeres han de cuadrar en el esquema.
El ecofeminismo es una filosofía de la seguridad, de la paz, de la confianza; el patriarcado capitalista es asustadizo, estrecho de miras, está tan terriblemente asustado que no puede tolerar a otras especies o culturas.
¿Qué opina de la igualdad entre hombres y mujeres?
La igualdad puede significar dos tipos de cosas. Por un lado, el parecerse, el ser similares. Por otro lado, la diversidad sin discriminación. Creo que en esta última definición está la igualdad. Yo quiero tener la posibilidad de ser hindú, no quiero convertirme en una europea. Yo quiero ser una mujer, no convertirme en un hombre, no quiero poder ser violento ni irresponsable. Durante mucho tiempo se ha asumido que la igualdad entre géneros significa que las mujeres han de imitar lo que los hombres son hoy en día, pero el macho dominador es ávido, violento y extremadamente irresponsable. La línea de la semejanza no es el camino por el que tenemos que ir. Yo quiero la libertad para ser diferente, pero no quiero ser castigada por serlo. Esto es para mí la igualdad.